Después de 32 horas de una operación policial que terminó con la muerte de Mohamed Merah, el criminal que causó la muerte de siete personas, entre ellas tres niños judíos y un rabino, en la sureña ciudad de Toulouse, en Francia, y tres uniformados en Montauban, la campaña política, cuya suspensión había sido anunciada por los principales candidatos, recomienza con fuerza.
La candidata del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, declaró en una rueda de prensa para los periodistas extranjeros que “si quieren que yo derrame lágrimas por el señor Merah, van a tener que esperar varios meses”, invitando al mismo tiempo a todos los musulmanes de Francia a votar por “la única candidata que no quiere estigmatizarlos”. “Unirse a nuestro combate nacional contra el islamismo radical es la única manera de evitar ese amalgama entre terrorismo e islam”, señaló la candidata.
Según la cadena de televisión BFM-TV y la agencia France Presse, una “filial en Europa de Al Qaeda habría reivindicado las acciones de Toulouse”. En un comunicado difundido en la web, los Soldados del Califato, un grupo supuestamente ligado a Al Qaeda, se congratulan de los ataques, que han llenado “de miedo los corazones de los enemigos de Dios”, y piden al gobierno francés que “revise sus políticas hacia los musulmanes”.
Por su parte, el presidente Nicolás Sarkozy declaró que “los compatriotas musulmanes no tienen nada que ver con las motivaciones locas de un terrorista”. Con tono enérgico, Sarkozy afirmó que ordenará a la policía investigar la propagación de las ideas extremistas en el interior de las prisiones; así mismo, en una decisión que promete ser polémica, afirmó que “cualquier persona que consulte de manera habitual páginas de internet que hagan apología al terrorismo será castigada penalmente”.
El anuncio presidencial busca atacar un punto capital en la nueva estrategia de varios grupos extremistas que, ante las dificultades de hacer proselitismo sin llamar la atención de las autoridades, recurren a la difusión en línea de documentos. Ése parece haber sido el caso de Mohamed Merah. Revistas virtuales, como la publicación en inglés Inspire, se convierten no sólo en panfletos de fácil difusión sino en verdaderos manuales de acción que explican incluso cómo fabricar bombas caseras.
Sarkozy se comprometió además a perseguir penalmente a toda persona que viaje a otro país para “seguir trabajos de entrenamiento ligados a ideologías terroristas”. El asesino en serie, abatido de un tiro en la cabeza, según el informe oficial, efectuó varios viajes a campos militares yihadistas en la frontera afgano-pakistaní. La radicalización de Merah se produjo en la cárcel, según el fiscal François Molins, donde “se entregó a la lectura del Corán”. A su vuelta a Francia desde Afganistán nadie había notificado ningún comportamiento extraño.
Así mismo, Sarkozy anunció que endurecería las sanciones a quienes propaguen “ideologías terroristas” en territorio francés. Los opositores de Sarkozy señalan que no hay novedades importantes en el anuncio presidencial y sólo confirma una política ya existente en Francia, que implica la no renovación e incluso la anulación de los permisos de estadía de cualquier extranjero que represente un problema de orden público.
En el caso de los musulmanes extremistas, la medida ha estado acompañada con frecuencia de la detención y la deportación inmediata. Según el Ministerio del Interior, “unas doscientos personas, entre ellas 34 imanes”, habrían sido expulsadas de Francia en los últimos diez años por predicar “la lucha contra Occidente, despreciando así los valores de nuestra sociedad e incitando a la violencia”.
La influencia del islam radical, en general de tendencias salafistas, en los jóvenes de los suburbios pobres de París y en particular de la banlieue norte, es un tema recurrente de colectivos de extrema derecha como Riposte Laïque (Respuesta Laica) y Français de Souche (Franceses de “pura cepa”), que evocan casos como el de Abdellali Mamoune, un imán moderado que debió dejar su mezquita ante la presión de los grupos radicales.
Samir Amghar, investigador, sostiene que los yihadistas serían una ínfima minoría de los 12.000 salafistas en Francia, un número a su vez poco representativo de los cerca de dos millones de musulmanes que hay en el país.