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Túnez espera la calma

El ejército aumenta su presencia en las calles para instaurar el orden mientras el nuevo gobierno de facto busca a los colaboradores del depuesto Ben Alí.

16 de enero de 2011 - 04:00 p. m.
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Cuatro días después de que la revuelta civil en Túnez obligara al presidente Zine el Abidine Ben Ali a abandonar su cargo y buscar el exilio, en las calles de la capital (Túnez) la calma es una visitante que aún se niega a llegar.

A la salida del poder de Ben Alí y a la juramentación de Fued Mebaza, presidente del Parlamento de Túnez como mandatario interino, le siguieron saqueos en los supermercados, manifestaciones de júbilo por un relevo en el poder después de 23 años de un mismo gobernante y enfrentamientos entre civiles afines al ex presidente y sus opositores.

La autoridad la está imponiendo el ejército en las calles, que en los últimos días ha ido recibiendo paulatinamente la colaboración de la policía. Ambas fuerzas no estuvieron del mismo bando desde el inicio de la crisis, una gran porción de los cerca de 160.000 uniformados que conforman el aparato policial eran incondicionales con Ben Alí. Incluso, en algunos episodios, a medida que los militares acudían a las zonas críticas de los desórdenes tuvieron que disparar cañones de agua contra algunos policías que se oponían a su paso.

La labor de las autoridades en respuesta al clamor de los tunecinos ahora se centra en poner a disposición judicial a la cúpula del antiguo régimen. El primero en ser detenido fue Ali Seriati, quien se desempeñaba como jefe de seguridad del presidente depuesto, hoy acusado de fomentar la violencia y amenazar la seguridad nacional. Versiones extraoficiales aseguran que el ex ministro del Interior, Rafik Belhaj Kacem, también habría sido detenido mientras intentaba huir hacia su casa de campo en Argelia.

No obstante, en vista de que Ben Alí pudo huir a tiempo y ser recibido en Arabia Saudita tras ser rechazado por Francia e Italia, la población ha sentido la necesidad de tomarse la justicia por mano propia en respuesta a las más de dos décadas de —alegaban la protestas— de corrupción, mala administración del Estado y de sus fuerzas. Hasta ahora no existe ninguna explicación diferente a la sublevación civil para el asesinato con arma blanca de Imed Trabelsi, sobrino de la esposa de Ben Ali y alcalde de la ciudad costera de La Goulette. Todo lo que huele al ex presidente se ha convertido en un legítimo blanco de ataque.

La violencia también ha venido del bando oficial, de los ex miembros de la guardia presidencial y de los pobladores que veían con buenos ojos la gestión del ex presidente y lo apoyaron desde el 17 de diciembre, cuando la marchas masivas en contra del gobierno se convirtieron en hecho cotidiano. Un grupo de hombres armados atacó la principal sede de la fuerza política opositora, el Partido Democrático Progresista en Túnez, para luego quedar bajo arresto. Los hechos de violencia han obligado al éxodo de miles de ciudadanos de la capital hacia el sur del país.

Por ahora el Ejército continúa poblando las calles e intentando volver de la revolución al orden. Las proyecciones por ahora aseguran que Fued Mebaza podría permanecer los próximos seis meses en el poder, mientras el panorama político se aclara y unas nuevas elecciones pueden ser convocadas.

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