La principal demanda de los miles de jóvenes que se concentran desde hace 15 días en la Plaza Tahrir sigue sin cumplirse: Hosni Mubarak continúa al frente del poder. El acuerdo alcanzado entre el vicepresidente Omar Suleiman y los principales representantes de la oposición el domingo no fue suficiente y los manifestantes insisten en permanecer en la emblemática plaza hasta que el mandatario renuncie.
Una posibilidad que se aleja cada vez más si se tienen en cuenta las declaraciones de Frank Wisner, el enviado especial de Estados Unidos a Egipto. Lo que todos esperaban del representante de Washington era que actuara siguiendo las palabras del presidente Barack Obama, quien desde que comenzó la crisis egipcia le pidió a Mubarak comenzar una transición “inmediatamente”. Sin embargo, lo primero que dijo el señor Wisner en El Cairo fue: “El mantenimiento de Mubarak en la dirección del país es vital”. Aunque la Casa Blanca se distanció inmediatamente de estas declaraciones, explicando que fueron a título personal y no era la posición del gobierno de EE.UU., el líder de la oposición Mohamed El Baradei aseveró: “Eso nos cayó como un golpe en el estómago, Estados Unidos estaba perdiendo credibilidad por apoyar a un dictador que sigue oprimiendo a su pueblo”.
El periodista Robert Fisk criticó en un artículo publicado en el diario británico The Independent la reacción del Departamento de Estado y aseguró que “no había nada personal en las conexiones que Wisner tiene con la compañía de lobby Patton Boggs, que alardea de su patrocinio a las Fuerzas Armadas egipcias, a la Agencia Egipcia de Desarrollo Económico y del manejo que realizó de arbitrajes y litigios en defensa del gobierno de Mubarak en Europa y Estados Unidos”.
Revela The Independent que Patton Boggs representa a algunas de las familias más poderosas de Egipto y a empresas que han desarrollado proyectos de infraestructura en las áreas petroleras, gasíferas y de las telecomunicaciones. La compañía también intervino en las disputas por los contratos de presupuesto de las Fuerzas Militares, en cuyos acuerdos logró que Washington financiara al ejército egipcio con alrededor de US$1,3 mil millones.
El investigador político estadounidense Nicholas Noe, le dijo a Fisk que “el envío de Wisner a El Cairo abre un conflicto de intereses y da la idea de que EE.UU. está privatizando sus intervenciones en las crisis políticas de otros países”.
Sin embargo, The New York Times lo destaca como un brillante exdiplomático clave en varias intervenciones que el gobierno estadounidense ha hecho en otros países. Wisner fue embajador durante más de 36 años y después se dedicó a los negocios. “A él no lo enviaron a sostenerle la mano a Mubarak, él fue enviado porque tiene una relación muy cercana con él y es la clase de persona capaz de entregar los mensajes más duros”, explicó Leslie H. Gelb, exdiplomática y periodista que ha trabajado con Wisner.
El enviado especial ha estado en otras situaciones caóticas. Durante la primera administración del presidente Bush, Wisner fue enviado a Filipinas para tratar de ayudar a estabilizar la administración de Corazón Aquino, que había sobrevivido a varios intentos de golpe por parte del ejército.
Mientras Wisner habla con el gobierno egipcio, la oposición asegura que no se retirará de la Plaza Tahrir y los habitantes de El Cairo tratan de recuperar la normalidad.