Mientras en los principales cananales de televisión se veían imágenes del aterrizaje de los aviones, afuera, en las calles, no había música, no había ruido. No se oían palabras. El transporte público se detuvo. Los buses, trenes, tranvías y algunos automóviles apagaron los motores y durante un minuto sólo se escuchó el sonido de las campanas en las iglesias. En el aeropuerto de Schipol, decenas de personas se apostaron frente a las flores, mensajes, fotografías y nombres de las víctimas. Y tampoco allí nadie decía nada.
Cuando el avión militar aterrizó en la base de Eindhoven, sólo se escuchó el sonido de una trompeta. Entonces se abrieron las puertas de la aeronave y llegó una caravana de 20 carros fúnebres. En una ceremonia solemne, un grupo de militares recibieron los ataúdes, los cargaron sobre sus hombros, uno por uno, y los ubicaron lentamente en los carros. Al fondo se veían las banderas de las más de 10 nacionalidades de las 298 víctimas que murieron a bordo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, que al parecer fue derribado por un misil en el Este de Ucrania. Hasta ahora se desconoce quiénes fueron los autores de este hecho y la investigación oficial continúa en proceso.
Después de la ceremonia solemne, que contó con la presencia de los reyes de Holanda, Guillermo Alejandro y Máxima, el primer ministro, Mark Rutte, la ministra de Asuntos Exteriores de Australia, representantes del Gobierno y algunos familiares de las víctimas, los 40 carros fúnebres, en una caravana lenta, atravesaron el país de sur a norte. Miles de personas rodearon las carreteras, algunas tiraron flores, otras aplaudieron, otras simplemente observaron en silencio.
Hacia las 8:00 p.m. (hora local) llegaron a Hilversum, la ciudad donde en los próximos días les practicarán las pruebas forenses. Según un comunicado del Gobierno, este proceso puede tardar semanas, incluso meses, debido a que no todos los cuerpos están completos, la mayoría pasaron días a la intemperie y luego dentro de un tren con refrigeración, lo cual dificulta la labor. No obstante, aseguraron que el viernes llegarán los cuerpos de las demás víctimas.
El miércoles se declaró día de luto nacional en Holanda, un acontecimiento que no se daba desde hace 52 años, cuando murió la reina Guillermina, madre de la princesa Beatriz. En las casas, centros comerciales, iglesias e instituciones del Estado se iza la bandera a media asta. Y aunque el sol brilla y la temperatura se acerca a los 30 grados centígrados, en Holanda el ambiente está frío y se respira un aire fúnebre.