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Un príncipe para días convulsos

Como presidente de China, Xi Jinping asumirá el desafío de atajar la corrupción y hacer reformas políticas.

13 de noviembre de 2012 - 06:00 p. m.
El futuro presidente Xi Jinping. / AFP
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Durante el viaje que realizó a Estados Unidos en febrero pasado, el futuro presidente chino, Xi Jinping, se detuvo en Iowa a visitar a la familia que lo acogió en 1985 cuando, con 31 años, fue a estudiar el sistema agrícola estadounidense. Tras reencontrarse en Iowa con su pasado, Xi viajó a California, donde, preguntado por escolares sobre sus pasatiempos, respondió que eran leer, nadar y ver deportes, pero que encontrar más tiempo libre era “misión imposible”, en alusión a la película de Brian de Palma. La respuesta provocó risas de la audiencia y mostró el aspecto relajado del vicepresidente chino, algo poco habitual entre los líderes de Pekín.

Xi Jinping, de 59 años, será nombrado hoy secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh), en sustitución de Hu Jintao, en el 18º Congreso del PCCh, que finaliza hoy. En marzo del año que viene ocupará la presidencia del país. A partir de entonces dirigirá los destinos de la segunda economía del mundo en un momento delicado, ya que deberá continuar impulsando el desarrollo al tiempo que bascula hacia un modelo más igualitario y respetuoso con el medio ambiente, más basado en el consumo doméstico y menos en las exportaciones y la inversión, y con menor intervención estatal. Al mismo tiempo tendrá que atajar la corrupción y responder a las demandas de reformas políticas y libertades por parte de una población cada vez más informada y consciente de sus derechos.

Pero, ¿quién es este hombre alto, de complexión fuerte, estilo directo, reformista cauto y azote de la corrupción, cuyo nombramiento fue resultado del consenso entre las facciones del partido? Xi Jinping nació en junio de 1953 en Pekín, aunque su biografía oficial, siguiendo la tradición china, señala que es nativo de la provincia central de Shaanxi, hogar de sus ancestros. En 1969, en pleno caos de la Revolución Cultural (1966-1976), fue enviado a trabajar en el campo en Shaanxi. “Tragué más bilis que la mayoría de la gente”, contó en 1996 en una entrevista a una revista china. Fue encarcelado cuatro veces. La experiencia modeló su carácter. “Los cuchillos se afilan en la piedra. La gente se pule con las adversidades”, dijo en una ocasión.

Xi Jinping pertenece al club de los llamados príncipes, los privilegiados descendientes de líderes prominentes del PCCh presentes o pasados. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los dirigentes revolucionarios chinos. Xi Zhongxun fue vice primer ministro (1959-1962) y un reformista, pero a principios de la década de 1960 fue acusado de deslealtad hacia Mao; sus críticas a la represión de las protestas a favor de la democracia en Tiananmen (1989) también le causaron problemas.

Las dificultades de su padre marcaron la entrada de Xi Jinping en el PCCh: fue rechazado nueve veces. Finalmente lo logró en 1974. Su camino hacia la cumbre quedó sellado en el 17º Congreso, en octubre de 2007, cuando fue designado uno de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó. Fue colocado por delante de otra estrella emergente, Li Keqiang, actualmente vice primer ministro.

Su elección para convertirse en el futuro máximo líder pilló por sorpresa a muchos expertos sobre China. Pero Xi era una opción más popular entre los miembros del Comité Central y, en especial, entre los líderes jubilados, que ejercen una gran influencia. Xi tiene estrechos contactos, especialmente con el exvicepresidente Zeng Qinghong, a su vez también un príncipe y mano derecha del expresidente Jiang Zemin. En marzo de 2008 ascendió a la vicepresidencia.

Como ocurre con los líderes chinos en general, es difícil conocer sus posiciones ideológicas en detalle. Discreción obliga. Pero se cree que mantiene una interpretación ortodoxa de la ideología comunista. Su trabajo en algunas provincias desarrolladas sugiere que es partidario de la industria privada —aunque también ha mostrado apoyo a las grandes compañías estatales— y de algunas reformas administrativas, siempre que no pongan en peligro el monopolio del partido.

Xi ha mantenido durante su carrera política un perfil discreto —imprescindible para llegar a la cúspide—, pero no ha dudado en hacer gala de un estilo directo. En una visita a México, en 2009, asaeteó a quienes critican a China llamándolos “extranjeros con el estómago lleno que no tienen otra cosa que hacer que señalar con el dedo”, y diciendo que Pekín no exporta hambre, revolución ni va “liándola por ahí”.

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Xi Jinping está casado en segundas nupcias con la popular cantante de ópera Peng Liyuan, quien describe a su esposo como un hombre frugal, muy trabajador y con los pies en la tierra.

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