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Una colombiana en Alejandría

Beatriz Elena Higuita, una joven de 26 años nacida en Medellín, relata su situación actual en Egipto. Dice que está atrapada y que espera que el Gobierno colombiano le tienda la mano pronto.

01 de febrero de 2011 - 03:57 p. m.
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En Egipto los servicios van y vienen. “Ahora puedo ir al baño a lavarme las manos, pero si dentro de una hora quiero hacerlo de nuevo, puede que abra la llave y no salga nada. Lo mismo pasa con el teléfono, ahora hablo, pero si me llaman después, no sé si pueda contestar”. Al otro lado de la línea, conversando con El Espectador desde un apartamento en Alejandría, Beatriz Elena Higuita relata su experiencia en medio de la crisis egipcia. No se siente tranquila, los últimos siete días los ha pasado sin salir del apartamento, que comparte con otra colombiana, con dos jóvenes estadounidenses y una danesa. “Salir a la calle es verdaderamente peligroso, se ven grupos armados con cuchillos y palos que aprovechan el desorden para saquear y robar casas, algunos se hacen pasar por policías. La comida se está acabando y es difícil conseguir, más cuando toda la gente desea lo mismo. Los bancos no están funcionando. Mi familia en Medellín quería girarme un dinero para comprar un pasaje a otro país, si es que no podía conseguir uno hacia Colombia, pero es imposible, no hay manera hasta que todo esto termine”. Beatriz Higuita es una de las cerca de 300 personas de nacionalidad colombiana que vivían en Egipto antes de que estallara la revuelta popular y que según el embajador colombiano en ese país, Marío Iguarán, ya han sido evacuadas en su mayoría por las empresas con las que están vinculadas. Pero esta joven de 26 años, licenciada en educación básica por la Universidad de Antioquia, no forma parte de ninguna multinacional. Llegó un día de julio del año pasado para estudiar árabe en el Instituto Qortoba de Alejandría, enamorada de la cultura después de casi cuatro años de haberse convertido al islam. “Hace días hemos estado llamando a la embajada de Colombia y nadie responde. Una amiga pudo establecer contacto con el embajador Iguarán a través de la radio. Dijo que debíamos esperar, que estaban trabajando para llevarnos de vuelta a Colombia. Mi amiga y yo tuvimos temor incluso de que por el hecho de ser musulmanas y por todos los estigmas de la religión, nuestra solicitud de ayuda no iba a ser atendida. Algunas compañeras de otros países ya fueron recogidas por sus gobiernos. Nosotras esperamos”. El aeropuerto de Alejandría, como el agua y el teléfono, pasa intempestivamente de estar habilitado a estar en punto muerto y las dos horas que por carretera separan a Alejandría de El Cairo constituyen un reto peligroso. “Nos hemos enterado de que la carretera está bloqueada por la gente. Impiden el paso de los carros y en ciertos casos atacan y bajan a los viajeros”. La canciller colombiana, María Ángela Holguín, aseguró que el Gobierno está trabajando en conjunto con Chile para conseguir un avión que les permita traer de vuelta a los ciudadanos que deseen regresar. “Ahora —relata Beatriz Higuita— sólo pienso en volver a Colombia y quizás algún día regrese a seguir estudiando. La situación está tan difícil aquí que ya no sé distinguir a los buenos de los malos”.

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