El sargento David Azuelo pisó con cautela las manchas de sangre en el piso, tomó nota del agujero de bala en el tragaluz de la habitación, levantó la ceja ante la falta de muebles en la casa estilo ranchero y volteó hacia su brigada de detectives que investigan uno de los allanamientos de morada más recientes en esta ciudad del sur de Arizona.
A un hombre de 21 años lo golpearon con una pistola, y en un momento dado, se disparó el arma. Ese mismo día lo llamaron a la escena de otro allanamiento, en el que un muchacho de 14 años había sido secuestrado.
Esta ciudad, a una hora en carro al norte de la frontera mexicana, está haciendo frente a una oleada de delitos que la policía dice están vinculados con las batallas sangrientas entre los carteles de la droga de México y los esfuerzos por erradicarlos. Desde que el año pasado los oficiales formaron un escuadrón especial para resolver este tipo de casos han encontrado que 200 de los últimos allanamientos están relacionados con el narcotráfico.
Tucson apenas comienza a sentir el impacto de la lucha contra la droga de México. En los últimos años, los carteles y otras organizaciones de narcotraficantes han ampliado su alcance por todo Estados Unidos hasta llegar a Canadá. Las autoridades creen que los narcotraficantes que distribuyen marihuana, cocaína, heroína, metanfetaminas y otros narcóticos ilegales de los carteles son responsables de una serie de tiroteos en Vancouver, Columbia Británica, secuestros en Phoenix, asaltos brutales en Birmingham, Alabama, y muchas cosas más.
Funcionarios estadounidenses han identificado 230 ciudades, incluidas Boston, Billings, Montana, Atlanta, Anchorage, Alaska, donde los carteles mexicanos y sus afiliados “mantienen redes de distribución de drogas o suministran drogas a los distribuidores”, como lo expresa un informe del Departamento de Justicia.
Los funcionarios de las fuerzas del orden en ambos lados de la frontera están de acuerdo en que Estados Unidos es la fuente de la mayoría de las armas utilizadas en la violenta guerra de los carteles de la droga en México.
“La clave es seguir mejorando nuestra habilidad para interceptar el armamento antes de que entre allá”, dijo Janet Napolitano, la secretaria de Seguridad Interna y ex gobernadora de Arizona, en una reunión con reporteros. Azuelo rápidamente empezó a sospechar que la golpiza con una pistola que investigaba, estaba relacionada con una disputa de drogas.
En pocos minutos, sus detectives encontraron una báscula salpicada de sangre, brotes y hojas de marihuana, y un paquete de papel celofán que se usaba para empacarla.
“La violencia se ha incrementado drásticamente en los últimos 12 meses”, dijo el teniente Michael O’Connor del Departamento del Alguacil del condado Pima en este estado. “Un alto porcentaje de las personas a las que hemos detenido son mexicanas”.
México, en pie de lucha
Las medidas que tomó el presidente Felipe Calderón desataron una ola sin precedentes de asesinatos en México. Han muerto más de siete mil personas, en su mayoría conectadas con el narcotráfico o con las fuerzas del orden, desde enero de 2008. Torturaron a muchas de las víctimas. Las decapitaciones se han vuelto comunes.
Aunque en general se han reducido los crímenes violentos en varias ciudades fronterizas o cercanas a la frontera, pareciera que Arizona lleva el peso de la violencia relacionada con el contrabando, porque un 60% de las drogas ilegales en Estados Unidos —principalmente cocaína, marihuana y metanfetaminas— entra por su frontera con México.
Por eso, varias ciudades organizaron unidades especiales. Tucson creó una, luego Phoenix integró una unidad similar para investigar secuestros relacionados con las drogas y el contrabando de personas. En los dos últimos años, el ayuntamiento ha registrado unos 700 casos.
La Policía estatal también cuenta con una nueva unidad de contrabando de personas que se centra en la proliferación de casas de paso, donde mantienen a los inmigrantes, los golpean y violan hasta que pagan tarifas que siempre están aumentando.
Elizabeth W. Kempshall, quien es la encargada de la oficina de la dependencia antidrogas en Phoenix, dijo que el tipo de guerra abierta en algunas ciudades fronterizas mexicanas —donde patrullan algunos soldados mexicanos enmascarados para que después no los reconozcan— no se ha propagado a Estados Unidos todavía. Sin embargo, Kempshall y otros expertos dicen que el caos del lado mexicano de la frontera podría estar teniendo un impacto en este lado.
Por una parte, dicen, la guerra del lado mexicano y las nuevas fuerzas del orden están afectando el flujo de drogas ilícitas que entra a Estados Unidos: ha aumentado el precio de la cocaína y la disponibilidad. Debido a que el suministro de drogas es más reducido, los jefes aquí y en México adoptan una línea mucho más dura cuando existen deudas o se roban drogas, comentaron funcionarios de la DEA.
Aun cuando gran parte de la violencia es en contra de personas involucradas con el narcotráfico, las autoridades dicen que el problema es que se aumentó el peligro para los inocentes.