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Una nueva Centroamérica

Los nuevos presidentes de El Salvador y Costa Rica serán decisivos para que la región empiece a cambiar el enfoque de su lucha contra el narcotráfico, busque mayor autonomía y solucione su encrucijada entre el norte y el sur.

03 de febrero de 2014 - 03:04 a. m.
Más de 4’955.107 ciudadanos votaron ayer en El Salvador para elegir al sucesor del presidente Mauricio Funes. / AFP
Foto: AFP - JOSE CABEZAS
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La última cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) podría resumirse en una frase: del aislamiento de Cuba al aislamiento de Estados Unidos. Las elecciones realizadas ayer en Costa Rica y El Salvador pueden llevar también a Centroamérica ese impulso por buscar autonomía, por cambiar el mapa político regional y minimizar su eterno dilema de estar en una encrucijada entre el norte y el sur.

Centroamérica ha sufrido históricamente los fuertes impactos de su cercanía geográfica con Estados Unidos, ha permanecido durante siglos en su órbita geopolítica, se ha caracterizado por transiciones políticas inconclusas y procesos económicos débiles que en las últimas décadas se han vuelto más complejos con la actuación del crimen organizado, el narcotráfico y la migración forzada.
La élite costarricense, en su mayoría europea y blanca, ha proclamado a su país la “Suiza centroamericana”. Sin embargo, este país multilingüe, caribeño y multicultural pareciera estar decidido a desafiar este supuesto en las urnas. Desde 1948, en los primeros años de la Guerra Fría, Costa Rica decidió abolir su ejército, medida que adoptó en la Constitución de 1949, “para que lo que otros países gastaban en armas y tanques nosotros lo hiciéramos en educación y salud”.
Durante parte del siglo XX ha logrado edificarse como un Estado benefactor en cuanto a educación pública, seguridad social y avanzada legislación laboral, pero la Costa Rica de hoy se aleja de un imaginario de paz social. Del primer lugar en el contexto latinoamericano en esta condición social equidistributiva ha pasado a un séptimo lugar con la profundización del modelo económico.
El neoliberalismo de los años 80 trajo consigo el incremento de la desigualdad, la crisis del Estado benefactor y el aumento de la corrupción, así como la llegada y consolidación del narcotráfico y, por consiguiente, su alineamiento en la estrategia de la guerra contra las drogas.
La polarización de su población se demostró con los resultados del referéndum que definió su adhesión al Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica: 51,6% votó por el sí y el 48,4% restante por el no.
En el país sin ejército la lucha contra el narcotráfico ha sido el pretexto para la instalación de una base militar que se ha convertido en un “striking point logístico y geopolítico que posiciona a tropas estadounidenses en las aguas del Caribe” y en un importante punto para el abastecimiento de la IV Flota.
En este escenario, y ante el inédito pulso que vive hoy el país entre la izquierda y la derecha, Costa Rica podría estar ad portas de un cambio histórico por razones de orden económico, social y geopolítico. El Frente Amplio, liderado por el joven José María Villalta, ha logrado desestructurar la hegemonía de los partidos tradicionales. El principal contrincante del FMLN es la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), fundado y consolidado en 1981 “para derrotar democráticamente a los comunistas”.
El Salvador, la paz que no fue
El Salvador tiene la menor extensión territorial y mayor densidad demográfica de Centroamérica, y es uno de los más violentos de la región, víctima de una dictadura militar y de una guerra interna entre 1980 y 1992. Allá el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), un partido originado en alianzas entre organizaciones político-guerrilleras, se transformó en un importante instrumento político después de los acuerdos de paz firmados en 1992.
Salvador Sánchez Cerén es el favorito del FMLN. En el poder tendría que afrontar una pobreza que afecta al 34,5% de su población y dos de sus más grandes desafíos en este siglo: ser un país de tránsito de gran parte de la droga que ingresa al territorio estadounidense y enfrentar el poder desestabilizador de las pandillas, que afectan los importantes resultados logrados después del proceso de paz.
Inmerso en la pobreza, la descomposición social, las pandillas y el narcotráfico, El Salvador simboliza la encrucijada entre el norte y el sur, y tiene en las urnas dos evidentes alternativas: consolidar el proceso de paz con buenos resultados económicos y sociales o remilitarizarse en nuevos escenarios de conflicto.
En caso de que el FMLN ratifique tener la preferencia de los electores, El Salvador podría ingresar al Alba y hacer acuerdos de cooperación con Petrocaribe, lo que de cierta forma daría continuidad a la relativa búsqueda de autonomía de Centroamérica y fortalecería el espíritu integracionista de la última cumbre de la Celac.
¿Podría repetirse gradualmente en Centroamérica lo que ocurrió en el Cono Sur desde la consolidación del Mercosur en 1991?

 

El pulso político


El candidato oficialista Johnny Araya y el izquierdista José María Villalta disputaron ayer un inédito pulso entre la izquierda y la derecha en Costa Rica. Hasta el cierre de esta edición, ambos candidatos se disputaban el mínimo del 40% de votos válidos para evitar una segunda vuelta.
 En El Salvador, el candidato del gobernante Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Salvador Sánchez Cerén, acariciaba una victoria en primera vuelta. Según el  Tribunal Supremo Electoral (TSE), Cerén obtuvo el 49,11% de los votos contra 38,84% del candidato derechista Norman Quijano. En todo caso Quijano, de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), afirmaba que era inminente una segunda vuelta.

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