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Venezuela y Nicaragua: cuando ir a las urnas asusta

Las elecciones fueron siempre el principal argumento de Hugo Chávez para legitimar reformas, por polémicas que fueran. Hoy es inocultable el temor del chavismo a medir fuerzas con votos. Lo mismo pasa en Managua.

22 de septiembre de 2016 - 11:13 p. m.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, siempre descartó que el referendo revocatorio se hiciera este año. El CNE le dio la razón. / EFE
Foto: EFE - MIGUEL GUTIÈRREZ
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Los gobiernos Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua, se parecen cada vez más: los dos usan los máximos organismos judiciales y electorales a su favor para asegurar su continuidad en el poder y, además, tratan por todos los medios de reducir los espacios a la oposición.

La última decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano no deja lugar a dudas: después de retrasar por 128 días el cronograma del referendo revocatorio contra Nicolás Maduro, el ente electoral finalmente anunció las reglas de juego.

Determinó que la oposición tiene 21 horas —siete horas diarias entre el 26 y 28 de octubre— para recoger los cerca de cuatro millones de firmas necesarias para activar el proceso; estableció que la oposición que busca el revocatorio deberá recoger el 20% del padrón electoral de cada Estado, cambiando sin ninguna explicación la norma que establecía que era el 20% del padrón a nivel nacional. Y como si eso no fuera suficiente adjudicó sólo 5.392 máquinas electorales para el trámite de las firmas, cuando la oposición pedía 19.500.

¿Un órgano independiente como señala el Gobierno venezolano? Según dijo el CNE, “el revocatorio pudiera efectuarse a mediados de primer trimestre de 2017”, tal y como lo ha dicho Maduro en repetidas oportunidades.

Así, el chavismo se asegura su permanencia en el poder hasta 2019 y le complica con artimañas el juego político de la oposición, que a pesar de las condiciones impuestas, no renuncia a convocar el referendo en 2016.

Ronal Rodríguez, del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, dice que esta noticia no sorprende a la oposición venezolana. “Ellos esperaban algo así, saben que esta es una pelea a largo plazo que les sirve para demostrar internacionalmente que el Gobierno no tiene voluntad democrática”.

Y es que ni siquiera Hugo Chávez recurrió a estas jugadas para evitar el revocatorio. El 15 de agosto de 2004 se realizó por primera vez en Venezuela un referendo revocatorio presidencial. Hugo Chávez obtuvo su octava victoria en las urnas y tiempo después se declaraba defensor del proceso, como lo recordó recientemente Henrique Capriles.

Las elecciones siempre fueron el principal argumento de Hugo Chávez para legitimar las reformas, por polémicas que fueran. Hoy es inocultable el temor del chavismo por acudir a las urnas, en momentos en que Venezuela quiere un cambio, así la mayoría se sienta identificada o no con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que reúne a todos los partidos de oposición.

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De acuerdo con Datanálisis, el 68,9% de los venezolanos estaría a favor de revocarle el mandato a Maduro y el 85% reprueba su gestión. Las voces a favor del cambio de gobierno se escuchan incluso dentro del propio chavismo, que no permitirá el revocatorio.

“No estamos en una batalla institucional, no va ocurrir porque cumplas los requisitos, aquí la constitucionalidad responde a la revolución y no la constitución”, dijo en la prensa venezolana, Luis Vicente León, presidente de Datanálisis y profesor universitario.

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Y mientras en Venezuela, Maduro se niega al revocatorio, en Nicaragua Ortega se salta la Constitución de todas las formas posibles. Aunque estaba prohibido, el presidente reformó la Carta para postularse a un tercer mandato presidencial, con su esposa como candidata a la Vicepresidencia. Y al mejor estilo chavista, recurrió al Tribunal Electoral para anular a la oposición para el proceso electoral del próximo noviembre. Destituyó a 28 críticos del Parlamento.

La lealtad de Ortega con quienes le acolitan su proyecto familiar es tan alta que nombró a uno de sus más leales seguidores como presidente de la Asamblea Nacional. Lo que sorprende es que René Núñez, así se llamaba, murió el 10 de septiembre.

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Un hecho que sube la indignación con un presidente que puso a todos sus hijos en puestos estratégicos para tener las riendas financieras del país y que concentró todos los poderes en el Estado.

Lo que Maduro y Ortega no parecen entender es que al ilegitimar el proceso electoral y cerrarle el espacio político a la oposición están jugando en su propia contra. La protesta y la rebelión serán el único camino que les dejen a sus pueblos, ese mismo pueblo que empoderaron y que será el que les pase la factura.

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