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¿Vientos de cambio?

Tal como lo prometió en su campaña electoral, el presidente ecuatoriano Rafael Correa logró consolidar una nueva Carta Magna. Sus compatriotas le dieron el sí.

30 de septiembre de 2008 - 03:41 p. m.
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Felipe Burbano de Lara

Felipe Burbano de Lara es profesor investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Ecuador); su campo de especialización es la sociología política. También es autor de varios libros sobre populismo, gobernabilidad y cultura política, además de columnista de la revista ‘Caras’.

El pasado domingo, más del 60% de los ecuatorianos aprobaron su nueva Constitución. El profesor Felipe Burbano de Lara explica el significado de este nuevo texto para la historia del vecino país y lo que sus ciudadanos esperan de él.

¿Qué significa para la historia del Ecuador la aprobación de esta nueva Constitución política?

Es un nuevo intento (el vigésimo en su vida republicana) por lograr una organización política que le permita contar con instituciones eficientes y legítimas para procesar los agudos conflictos de poder por los que atraviesa la sociedad ecuatoriana.

¿El texto sí refundará el Ecuador?

El término refundar es siempre ambiguo, porque insinúa un proceso liberado de toda continuidad con el pasado. Sin embargo, la nueva Constitución establece una relación distinta, inédita, entre el Estado, la ciudadanía y el mercado.

¿Cuáles son los artículos que causaron más polémica en el país? ¿Por qué?

Fueron muchos, pero los más importantes giraron en torno al concepto de propiedad privada, al rol del Estado, al poder ciudadano que pretende construir la nueva Constitución, a temas de orden moral –como el aborto y el matrimonio homosexual– y el de la organización del poder territorial. Son temas que abordan problemas clave del reparto del poder en distintos niveles, y convicciones morales muy fuertes e íntimas de la sociedad.

¿Cuáles son los problemas estructurales que afectan hoy en día al Ecuador? ¿Cree que la nueva Constitución los solucionará?

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La iniquidad, la debilidad del Estado, la fragmentación social y política, una débil cultura democrática y un sistema presidencial que exacerba la pugna de poderes y el personalismo de la política ecuatoriana. En los primeros temas la nueva Constitución va en la línea correcta; en el tema del sistema presidencial, generador de inestabilidad política, se optó por un diseño absurdo.

¿Cuál es el principal argumento de la oposición contra el texto constitucional?

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Que alienta un modelo estatista, centralizador e hiperpresidencialista, todo lo cual redundará en una grave concentración del poder que limitará el juego de las instituciones democráticas. Se ve también con mucho temor el estilo autoritario y arbitrario de autoridad política del presidente Correa.

¿En qué se diferencia el Socialismo del Siglo XXI que predica Rafael Correa con el que impulsa el presidente venezolano Hugo Chávez?

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La principal diferencia proviene de la estructura económica del Ecuador, donde existe, a diferencia de Venezuela, un sector privado que desempeña un papel clave en todos los sectores de la economía. El Socialismo del Siglo XXI ecuatoriano debe hacer un reconocimiento, a ratos a regañadientes, de este hecho que define un tipo de relación distinta entre el Estado y la economía privada.

Venezuela y Bolivia también han construido nuevos textos constitucionales, pero su aprobación fue rechazada y/o generó problemas sociales. ¿Por qué los ecuatorianos aceptaron su nueva Constitución?

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Porque el movimiento Alianza País, del presidente Correa, tuvo una mayoría absoluta en la Asamblea que le permitió avanzar sin mayores contratiempos en la elaboración del nuevo texto constitucional (a diferencia de lo ocurrido, por ejemplo, en Bolivia). El proceso ecuatoriano se encuentra además en una fase distinta: todavía nos encontramos envueltos en la promesa del cambio, en la materialización del nuevo orden político. El presidente Correa ha manejado muy hábilmente esta idea de una sociedad movilizada hacia su refundación. La mayoría de ecuatorianos cree en la palabra del presidente y en su liderazgo.

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