La violencia se desencadenó por las acusaciones de que el presidente Mwai Kibaki ganó la reelección con fraude, aun cuando -según se afirmó- el director electoral dijo no estar seguro de quién había ganado. La incertidumbre política se agravó con disputas tribales en la que hasta ahora había sido una de las democracias más estables del Africa.
En uno de los peores ataques, una turba incendió el martes una iglesia en una ciudad a unos 300 kilómetros al noroeste de Nairobi, donde se habían refugiado personas de la tribu Kikuyu, del presidente Kibaki.
Hubo versiones contradictorias acerca del número de muertos. La Cruz Roja de Kenia dijo en una declaración que extrajo 17 cadáveres de la iglesia consumida por las llamas, pero otros testigos dijeron que hubo hasta cincuenta muertos.
La Cruz Roja dijo que en la zona "han sido incendiadas casas, terrenos y cultivos" y que se colocaron barricadas en las principales carreteras, lo que dificultó la distribución de ayuda. Algunos desplazados en Eldoret no han recibido alimentos durante tres días, precisó.
El vocero del gobierno Alfred Muntua dijo que los disturbios sólo han afectado a un tres por ciento de los 34 millones de habitantes. Pero la intensidad de la violencia era indiscutible, y los líderes políticos seguían disputando.
La Comisión de Derechos Humanos de Kenia y la Federación Internacional por los Derechos Humanos dijeron en una declaración conjunta que más de 300 personas han muerto desde las elecciones del 27 de diciembre.
Según las Naciones Unidas, la policía keniana dijo que 70.000 personas se han visto desplazadas en cinco días de violencia. Unas 5.400 personas huyeron a la vecina Uganda, dijo Musa Ecweru, ministro de casos de emergencia. También Tanzania dijo que varios centenares de personas llegaron allí.