Como un temible augurio fue tomada el lunes la cadena de atentados suicidas ocurrida en el centro de Bagdad, que produjo 36 muertos y cerca de 70 heridos. A un mes de las elecciones nacionales parlamentarias que determinarán la composición del nuevo gobierno iraquí, la caótica jornada hizo sonar las alarmas por lo que podría ser el inicio de unas semanas sangrientas como preludio a los comicios del 7 de marzo.
El primer estallido ocurrió en la plaza de Fardús, muy cerca de los hoteles Ishtar Sheraton y Palestina. Momentos después, otra explosión se produjo en el distrito de Al Karrada, frente al hotel Babel. Los hoteles son frecuentados por occidentales y hasta ahora eran símbolo de la relativa calma que se vive en Bagdad desde hace dos años. Sin embargo, los ataques, que se suman a la serie de tres grandes atentados que en el semestre pasado acabaron con cientos de vidas en las inmediaciones de los más importantes edificios gubernamentales, envían la señal de que Al Qaeda, aliada con sectores radicales del desaparecido partido Baath (del fallecido líder Sadam Hussein) estaría buscando desestabilizar el ambiente previo a los comicios.
Las semanas que vienen son fundamentales para el equilibrio político de la región. Por un lado, serán las primeras elecciones realizadas sin la injerencia directa de los Estados Unidos, que actualmente adelanta los procesos para retirar a sus hombres. Esto, a su vez, ha generado la oportunidad de que sectores chiitas simpatizantes del gobierno iraní ganen espacio político en el país. Así, las elecciones le permitirían a Irán profundizar su influencia en Bagdad, en momentos en que Teherán, por cuenta de su programa nuclear, tiene fuertes tensiones con las potencias occidentales y Washington dirige su mirada hacia Afganistán.
Ahorcan al ‘Químico Alí’
Gobernador, ministro del Interior y jefe de seguridad de su primo Sadam Hussein, Alí Hassan al-Mayid fue ejecutado el lunes por el gobierno iraquí, tras haber recibido cuatro condenas de muerte desde que fuera capturado el 23 de agosto de 2003. Fue conocido por el sobrenombre del ‘Químico Alí’, por haber ordenado la muerte de más de 5.000 kurdos en 1988 en un ataque con gas venenoso en la localidad de Al Halabja. Alí vivió con todos los lujos derivados de la corrupción del régimen de su primo y murió con la reputación de uno de los más sangrientos secuaces de la dictadura de Hussein.