En medio de un hermetismo total por la noticia del bombardeo a un hospital en Gaza que dejó al menos 200 muertos, el avión Airforce One, que transporta al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, partió rumbo a Tel Aviv para una visita de Estado en un momento convulso y complicado, tras una escalada sin precedentes en la guerra con el ala militar de Hamás que ya deja en poco más de diez días una cifra que supera los 4.000 muertos entre israelíes y gazatíes.
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Según el New York Times, “los acontecimientos cambian rápidamente y demuestran los peligros de un viaje en tiempos de guerra del presidente estadounidense en un momento volátil de la crisis, menos de dos semanas después de que las masacres generalizadas de Hamás en Israel desencadenaran una nueva guerra”.
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A pesar de que la visita es instada por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en pleno territorio de guerra es difícil prever lo que pueda pasar. Es por esto que la agenda de Biden, uno de los líderes mundiales más importantes, se recortó abruptamente con el atentado al hospital: se canceló una reunión en Jordania con líderes de las potencias árabes y palestinas.
Según la agencia AFP: “Jordania anunció el martes la cancelación de una cumbre en la que iba a participar el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y que tenía el objetivo de reanudar el proceso de paz en Oriente Medio en pleno conflicto entre Israel y Hamás”. La cumbre se celebrará “cuando se haya tomado la decisión de detener la guerra y poner fin a estas masacres”, dijo el ministro jordano de Relaciones Exteriores, Ayman Safadi.
Esta es la tercera visita de la administración de Joe Biden a Israel desde el estallido de la guerra. Primero fue el secretario de Estado, Antony Blinken, quien ha permanecido en la región y ha visitado Doha, en Catar, entre otras reuniones relacionadas con el conflicto. Luego siguió el secretario de Defensa, Lloyd Austin, quien reafirmó el mensaje de Estados Unidos en todos estos días: su apoyo a Israel es sólido e incondicional.
“Israel tiene el derecho de defenderse y punto. No hay justificación para los ataques terroristas”, declaró Biden el primer día de la escalada. “Que nadie se equivoque, Estados Unidos apoya al Estado de Israel. Lo hemos hecho desde que nos convertimos en la primera nación en reconocer hace 75 años a Israel tan solo 11 minutos después de su fundación”, agregó en una declaración escueta que presentó ante los medios de comunicación.
Sin embargo, el apoyo irrestricto de Biden ha cambiado en la medida en que la defensa de Israel se ha transformado en lo que muchas voces denuncian como un ataque desproporcionado contra la población gazatí. Esto, a pesar de que vale la pena recordar que hasta la noche de este martes Israel y Hamás habían emitido declaraciones contradictorias sobre el origen de los misiles que impactaron el hospital.
“El momento y la óptica de una visita tan importante no podrían ser peores. Cualesquiera que sean las circunstancias detrás de este ataque al hospital de Gaza, realmente no importa en este momento. Las tensiones se han inflamado más allá de lo que hemos visto durante la última semana”, afirmó al NYT Charles Lister, director de contraterrorismo del Instituto de Oriente Medio.
Sin embargo, para Camilo González, docente del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, Estados Unidos tiene un interés demasiado grande en el desarrollo de esta guerra.
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Por un lado, no le convendría flaquear su apoyo a Israel, porque desde la época del panarabismo en los años 60, ha sido la forma de garantizar su presencia en Medio Oriente e impedir la unidad del mundo árabe, pero tampoco puede descuidar los alcances ni la presencia que ha conseguido con potencias como Arabia Saudita.
“La intención de Estados Unidos es recuperar posicionamiento en la región, porque hay una interpretación que sugiere que al final de cuentas, Hamás fue el que incursionó, y considerando todos los antecedentes de Hamás con potencias regionales, como Siria e Irán, es evidente que estamos hablando de la apertura de un nuevo tablero geopolítico en esa región. No es una casualidad que estemos viendo la situación en Ucrania y en el Medio Oriente, ambas en una condición de seguridad completamente terrible. Porque, obviamente, lo que buscan estas potencias, que tienen un alcance regional porque buscan proyección internacional, es causar molestia”, afirma González.
Aún no se ha confirmado detrás del apoyo a Hamás en este ataque esté Irán, pero esta potencia persa sí está ampliamente ligada a Hezbolá, que también ha incursionado en ataques a Israel en las fronteras con Líbano y Siria.
González reafirma que a Estados Unidos no le conviene que Irán, que en su calidad de república islámica no reconoce la existencia de Israel, se fortalezca, pues tienen amplias diferencias no solo en cuanto a “derechos humanos, que ha sido noticia por la violación de derechos humanos, sobre todo para las mujeres, sino también por la cuestión del acuerdo nuclear”.
Por esto, Biden también viaja a Israel para servir como catalizador del calibre en la respuesta contra Hamás y los habitantes de Gaza, tratar de garantizar que la ayuda humanitaria llegue a los habitantes del enclave y que la situación de derechos humanos no empeore.
Sin embargo, también está latente el trasfondo de la relación tripartita de Estados Unidos con Israel y Arabia Saudita, pues estos dos últimos, hasta antes de la escalada, estaban en proceso de normalizar sus relaciones como Estados. Un proceso en el cual EE. UU. tenía participación y que ha quedado retardado por la escalada.
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En este punto, hay intereses de las tres partes involucradas. Mientras Estados Unidos considera a Israel como la clave para mantener su presencia en Oriente Medio, los sauditas lo ven como el acceso al mundo occidental, a sus mercados y a sus bolsas de valores. Por esta razón, la normalización de estas relaciones podría beneficiar a las tres naciones, a pesar de que otras potencias del mundo árabe desaprueben esto, al vincular la normalización de relaciones con la aceptación de la ocupación de territorio palestino por parte de colonos israelíes.
“Los sauditas siempre han sido muy enfáticos en que un acuerdo con Israel debe pasar por la idea de que Israel tenga que resolver la cuestión palestina, que está relacionada, obviamente, con la creación de un Estado palestino. Por eso ahora la urgencia de Estados Unidos buscando evitar es que Israel ingrese con tropas a Gaza nuevamente. Es decir, evitar una ocupación es una señal que están enviando a Riad de que no están de acuerdo con nuevos enfoques más duros y beligerantes de Israel. Esto, obviamente, porque sería para los Estados Unidos ponerse del lado de un actor que estaría violando el derecho internacional humanitario”, afirma González.
Arabia Saudita, al igual que Catar y Kuwait, se encuentra entre los mayores productores de gas y petróleo a nivel mundial. Según González, este es un factor que Estados Unidos tiene muy presente, ya que recuerda la crisis desatada tras la guerra de Yom Kippur en 1973 (entre Israel y el mundo árabe). En aquel momento, los bloqueos petroleros hacia Estados Unidos y sus aliados en apoyo a Israel provocaron uno de los momentos más críticos en este mercado.
“Cualquier enemistad o roce que tenga con Riad puede afectar ese precio internacional del petróleo y obviamente, el dólar y la inflación sufrirían las consecuencias en términos económicos. Estados Unidos no está preparado para eso”, concluye.
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