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‘Vivimos con los ahorros’

Apagones, alza de precios, depreciación de la moneda, son algunos efectos que sufre Siria a causa de las sanciones económicas.

15 de febrero de 2012 - 06:02 p. m.
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“Cada día que pasa, la situación está peor porque no hay turistas y los clientes de otras provincias tienen temor de trasladarse hasta aquí”, expresa Juan, apesadumbrado, tomando un café con cardamomo en la puerta de su comercio de venta de ropa.

Hace 25 años que este comerciante regresó de Colombia y con su padre fundó la empresa familiar que funciona en el zoco (mercado) de Al Hamidyya, al sur de la ciudad vieja. Juan ya empieza a sentir el asfixio económico de 11 meses de revueltas y sanciones económicas.

“Nos estamos manteniendo con los ahorros de toda la vida y con la presencia de los chiítas que vienen a visitar sus lugares sagrados”, le explica a El Espectador, refiriéndose a los peregrinos que visitan el santuario de Saida Zeinab, la nieta del profeta Mahoma. “Estamos sobreviviendo gracias al turismo de los iraníes. En 2011 vinieron más de un millón y se estima que para este año lleguen al millón y medio”.

Pero en el que fue el gran mercado cubierto por una bóveda de hierro —salpicada por puntos de luz abiertos por las balas de las ametralladoras de la aviación francesa durante la rebelión nacionalista de 1925— los vendedores ya no gritan para promocionar sus productos ni el caos convulsiona a los turistas llegados de todo el mundo.

“La situación en el país afectó mucho el comercio desde el inicio de la crisis. Muchas mercancías han subido de precio y esto impacta en la capacidad de compra del ciudadano”, confirma Amer Al Hasash, director responsable del comercio Golden Star, instalado en su silla sobre la calle empedrada del mercado.

“La garrafa de gas aumentó un 50%, el té un 30%. Toda la comida ha tenido alzas”, dice Afnan, un ama de casa que hace compras en las afueras del Mercado de las Especias. “No entendemos por qué nos están haciendo esto. Si creen que van a debilitar nuestra confianza en el presidente con estas medidas, están muy equivocados”, afirma.

Los precios de los productos han subido al ritmo del alza de la libra siria, que asciende a un 40 %. La moneda pierde valor cada día y los sirios que tienen ahorros procuran hacerse con dólares —rechazan inclusive los euros—, algo cada vez más complicado.

En el mercado negro cada dólar asciende a 75 libras, mientras que el precio oficial se establece en 57 unidades. El régimen intenta combatir el impacto de los sabotajes por parte de los opositores a los principales oleoductos y centrales eléctricas, que producen escasez de combustibles para calefacción.

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“Apagones, alza en algunos productos, depreciación de su moneda, son algunos de los efectos que sufre hoy Siria a causa de las sanciones impuestas y que afectan principalmente al pueblo”, le dijo en exclusiva a El Espectador el ministro de Economía y Comercio, Mohammad Nidal al-Shaar.

“Las represalias tienen un carácter y una intención políticos, pero es la gente la que sufre las consecuencias”, expresó Al-Shaar. También dijo que el país afronta la incapacidad para importar productos y para exportar el petróleo.

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Históricamente, el país concentró su comercio exterior con Europa, a la que también destinaba el 18% de su producción de hidrocarburos. Las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea al intercambio con Siria y a la exportación de su petróleo afectaron su mercado interno.

Sucede lo mismo con Turquía, país con el cual Siria incrementó ostensiblemente el flujo mercantil y firmó un acuerdo de libre comercio. Luego de las sanciones dictadas por el primer ministro turco, Reccep Tayyip Erdogan, el precio de las mercaderías procedentes del vecino país aumentó.

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“A esa hostilidad económica se suman los daños ocasionados por la violencia terrorista de grupos armados que han saboteado oleoductos, gasoductos, descarrilado trenes cargados de combustibles, e incluso atacan y matan a ingenieros eléctricos para afectar la generación en momentos de mayor consumo energético por el invierno”, señala Al-Shaar.

Al hundimiento del turismo se suman los efectos de las sanciones impuestas por Occidente y la Liga Árabe, que han bloqueado las operaciones del Banco Central y la venta de hidrocarburos. Un deterioro de la vida cotidiana que puede ser el desencadenante final de la caída del régimen.

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El ministro de Petróleo, Sufian Allaw, cifró en dos billones de dólares los daños causados por las sanciones internacionales y los ataques de la insurgencia contra el sector petrolero, y elevó a 21 el número de funcionarios del sector muertos por actos violentos.

“Además de la situación de seguridad, el problema es que estas sanciones son un factor psicológico que impacta en todos los ciudadanos”, explica Osama Hasan, titular de la Bolsa de Damasco. En esta entidad todavía operan las empresas que no están bajo el rigor de las sanciones, pero ha descendido el volumen de negocios debido a la crisis generada por las revueltas en todo el país.

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Es por ello que el Banco Central se vio obligado a elevar las tasas de interés sobre los depósitos bancarios de siete a nueve por ciento y, debido a la fuga de capitales en los últimos dos meses, se estima que se retiraron el equivalente a US$680 millones de entidades privadas.

Por otra parte, los bancos privados tradicionales —excluyendo los islámicos— han experimentado una caída de 10% en la demanda de depósitos, que suma unos US$2.100 millones.

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Alrededor de un tercio de la población siria vive por debajo de la línea de pobreza y gran parte de la crisis actual es consecuencia de las desigualdades sociales. Cerca del 40% del presupuesto gubernamental se destina a las grandes ciudades y regiones rurales como Daraa —una de la ciudades emblemas de la revuelta— han sufrido una severa sequía en los últimos cuatro años

La pobreza y las sequías han empujado a las poblaciones del ámbito rural a las ciudades, principalmente Damasco y Aleppo, lo que supone una mayor carga para los habitantes urbanos, que ya afrontan la inflación y el aumento de costos inmobiliarios.

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En un intento de frenar las protestas, Al Asad restituyó subsidios a los combustibles, elevó los salarios públicos y aprobó beneficios para hogares de bajos recursos. Pero estas medidas no calmaron a los manifestantes y la pérdida de confianza en la economía podría agravar aún más la crisis.

A referéndum el 26 de febrero

El presidente, Bashar al Asad, fijó la fecha del próximo 26 de febrero para organizar el referéndum sobre el proyecto de una nueva constitución siria que, según anunciaron los medios oficiales, tendrá como base el pluralismo político y buscará acabar con medio siglo de régimen monopartidista. En las instancias internacionales, hoy la Asamblea General de la ONU votará un proyecto de resolución preparado por Arabia Saudí y Catar que condena la represión del gobierno sirio y respalda la iniciativa de la Liga Árabe, que es pedir la salida de Al Asad y formar un gobierno interino de unidad nacional. Mientras tanto, sigue creciendo la violencia en el país árabe. Al menos 40 personas murieron ayer, la mayoría en los bastiones opositores de Idleb y Homs, bajo los bombardeos de las fuerzas leales al régimen.

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