A las siete de la noche, Honduras parecía el domingo tener nuevo presidente. Tras la divulgación de los sondeos de boca de urna y los primeros boletines del Tribunal Electoral, el candidato opositor Porfirio Pepe Lobo, aventajaba considerablemente a su rival, Elvin Santos, del oficialista Partido Nacional.
Horas antes, unos dos millones de hondureños habían salido a las urnas. “Con esta votación queremos partir de cero, rescatar al país y acabar con los enfrentamientos”, declaró Gabriela Chévez tras sufragar en el Instituto Central Vicente Cáceres.
Como Gabriela fueron muchos los que acudieron a las urnas para elegir a un nuevo presidente y poner fin a la inestabilidad institucional provocada por el golpe de Estado del 28 de junio. La gente depositaba su voto con el orgullo de cumplir un deber cívico; pedían al periodista que explicara que participaban en “unas elecciones limpias, transparentes y honestas”. En las primeras horas de la mañana no hubo gran presencia de electores; muchos estaban a la expectativa por las amenazas de desórdenes que habían formulado los partidarios del derrocado presidente Manuel Zelaya para que la gente no acudiera a votar. A medida que fue avanzando el día aumentó la afluencia. Pese al temor inicial ante posibles provocaciones por parte de los zelayistas, los comicios se celebraron con orden y normalidad. De hecho, fueron los más tranquilos de los últimos tiempos.
El presidente de facto, Roberto Micheletti, dijo tras sufragar: “Demostremos al mundo entero que Honduras es diferente, tenemos libertades, sólo queremos vivir en paz y democracia, el mundo debe reconocerlo”.
Muchos electores pretendían refutar con su voto a los dirigentes de América y Europa que durante los últimos días descalificaron los comicios, por considerarlos ilegítimos.
“El mundo ha sido injusto con Honduras. No han querido reconocer que los hondureños podemos tomar decisiones por cuenta propia. No tienen una opinión clara de lo que ha pasado aquí, deben informarse más antes de opinar”, comentaba Salvador Barahona, jefe de ventas de unos grandes almacenes.
En los colegios se respetaron los requisitos democráticos. Para poder sufragar, cada elector debía presentar una tarjeta de identidad con código de barras y después debía aparecer en el cuaderno de votación con foto, nombre, número de identidad y código de barras. Cada papeleta era firmada por el presidente y el secretario de la mesa; el elector debía escribir su nombre en el cuaderno de votación; las papeletas sobrantes debían entregarse firmadas y selladas junto con el acta que registra el número de electores.
En diferentes barrios de la capital, grupos de personas fueron a votar con la camiseta del Barça ( unos pocos llevaban la del Real Madrid). Augusto Núñez, empleado del Banco Central, comentó que portaba la franela azulgrana porque “el Barça es un equipo ganador, y espero que dé suerte a mi candidato”. Según los medios locales, el encuentro entre ambos equipos españoles demoró la salida de decenas de votantes, que sólo salieron a votar al terminarse el encuentro.
‘Pepe’ Mujica fue elegido presidente de Uruguay
Mientras que en Honduras se prolongaba por una hora la jornada de votación, Uruguay ya tenía nuevo presidente. Se trata del ex guerrillero de 64 años, José ‘Pepe’ Mujica, quien pronto se declaró vencedor con poco más del 50% de los votos, según los primeros conteos.
“El sentido común nos dice: si esto ha andado bien, para qué toquetearlo”, había dicho esta semana. Con esto, el hoy granjero dio señales de que continuará el programa de su antecesor y compañero de partido, Tabaré Vásquez, miembro del Frente Amplio.
Mujica salíó victorioso en la primera vuelta en octubre con un apretado 48%, comparado con el 29% de su rival, el liberal Luis Lacalle; los sondeos previos a la jornada del domingo le daban unos 8 puntos por encima de su rival. “Esto no tiene emoción, es como bailar con la hermana”, dijo antes de depositar su voto, según reportó el canal de noticias Univisión.