La nueva generación de líderes del Partido Comunista Chino (PCCh), que rigen los destinos del país desde 1949, quedó conformada este jueves y está formada por siete hombres, dejando de lado la máxima del fundador de la República, Mao Zedong, quien pidió reivindicar el papel de la mujer.
A la cabeza está Xi Jinping, quien sucedió a Hu Jintao al frente del Partido y quien deberá encabezar las reformas que requiere el país.
Xi, de 59 años, se presentó ante la prensa al frente del nuevo grupo dirigente de siete personas, la «dirección colectiva» que debe empuñar las riendas del país los próximos diez años. Ante los flashes y las cámaras de todo el mundo, Xi subió al escenario del Palacio del Pueblo seguido de los seis nuevos dirigentes que formarán el «santa santorum» del poder chino, el «comité permanente» del Buró Político del PCC.
Rompiendo la tradición, con aire grave aunque sonriente, después de presentar a sus camaradas, Xi pronunció un breve discurso en el que advirtió de que tanto él como el nuevo equipo asumen «enormes responsabilidades» y reconoció que el Partido Comunista se enfrenta a «graves desafíos», incluyendo la corrupción, subrayó. «Nuestra responsabilidad consiste en reunir (…) haciendo esfuerzos continuos para lograr una gran renovación de la nación china, consolidando el lugar de China en el concierto de naciones», afirmó.
«Nuestro pueblo (…) quiere que sus hijos crezcan mejor, que ocupen mejores empleos, que vivan mejor. Nuestro objetivo es luchar para conseguirlo», agregó. Pero los nuevos dirigentes chinos están movilizados para «garantizar una vida mejor» a su pueblo, aseguró.Sin embargo, reconoció que «nuestro partido enfrenta muchos desafíos graves. También hay muchos problemas urgentes que deben ser resueltos dentro del Partido, en particular la corrupción, el alejamiento del pueblo, el formalismo y la burocracia de algunos jerarcas». «Debemos redoblar esfuerzos para resolver esos problemas. Todo el Partido debe tomar conciencia», añadió.
«El partido debe autoadministrarse sin complacencia, ocuparse seriamente de los problemas más evidentes y mejorar su estilo de trabajo», insistió.»Haremos lo que sea necesario para que el Partido siga siendo constantemente el sólido núcleo dirigente de la causa del socialismo con los colores chinos», prometió.
Lejos de los desbordamientos mediáticos de la elección presidencial en el rival estadounidense la semana pasada, la aparición a la luz del día de la nueva dirección del partido único chino, en el poder desde 1949, pone punto final a los trabajos, rodeados del máximo secreto, del 18º congreso del PCC, excepcionalmente lastrados por casos de corrupción y abusos de poder en la alta «nomenclatura» comunista.
En el extranjero, no se esperan giros espectaculares en materia diplomática. Xi Jinping reivindica «el orgullo histórico y nacional» de China. Potencia ascendente en el Pacífico, deberá seguir plantando cara a Estados Unidos y acuciando a Europa, su primer mercado de exportación, para que solvente la crisis de la deuda. En materia de derechos humanos, Xi Jinping deberá decidir si manda poner en libertad al Premio Nobel de la Paz 2010, el intelectual disidente Liu Xiaobo. Patrón ahora del «taller del mundo», Xi Jinping deberá intentar reinventar el modelo chino. En la China del futuro, el congreso comunista ha decidido que quiere rivalizar con las economías occidentales más desarrolladas.
Pero, vigilado por 500 millones de internautas, a Xi Jinping lo esperan una clase media compuesta pronto por 700 millones de individuos, consumidores ajenos en su mayoría al ideal comunista, y un país donde la indignación sube ante la riqueza con frecuencia extravagante de la nueva «aristocracia roja».Son márgenes de maniobra estrechos que no auguran muchas audacias de cara a la modernización política de China. Xi es presentado en general como un hombre de compromiso aceptable por las facciones «reformistas» y «conservadoras». Estará secundado por Li Keqiang, que en marzo sucederá como primer ministro a Wen Jiabao.Hu Jintao pasará a los bastidores del poder, como ex dignatarios del régimen, entre ellos el ex presidente Jiang Zemin (1992-2002), el más poderoso de todos.Hu ha cedido a Xi la presidencia de la poderosa Comisión Militar Central (CMC), el órgano del PCC que controla el Ejército.