El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Torre de Tokio: ataque rentable

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Feria de equipos de defensa DSEI 2023 en Tokio el pasado 15 de marzo.
Foto: Gonzalo Robledo
PUBLICIDAD

Un experto extranjero de seguridad digital que tiene contratos oficiales en Japón me comentó que el reciente atentado que casi le cuesta la vida al primer ministro, Fumio Kishida, le ha procurado nuevos pedidos para los próximos meses. “No quiero sonar egoísta”, advirtió, “pero un atentado crea alarma, pone en evidencia cualquier tipo de riesgo y acelera la adopción de nuevas medidas como las que ofrece mi empresa”. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Japón, me explicó, está entre los países industrializados más indefensos del mundo en lo que a cibernética se refiere. Y aunque el ataque del pasado 15 de abril fue perpetrado con un artefacto analógico (que de haber detonado unos segundos antes hubiera alcanzado al mandatario), la explosión fue una sonora campanada para la policía nipona de cara a unas inminentes elecciones regionales y a la reunión de mandatarios del G7 en mayo próximo en la ciudad de Hiroshima.

Además de esculcar bolsos y mochilas, y pasar detectores de metales por el cuerpo del público, medidas consideradas innecesarias hasta ahora en un país con un bajo índice de criminalidad, las autoridades japonesas prestan cada vez más atención al espacio digital. Las amenazas cibernéticas pululan con una velocidad nunca vista en otros desarrollos humanos, continuó mi interlocutor mientras me ofrecía una humeante taza de café.

Muchos importantes sistemas informáticos, por ejemplo de ministerios u hospitales, han estado protegidos hasta ahora por barreras llamadas Firewall (paredes de fuego).

Las paredes de fuego eran efectivas en el siglo pasado, cuando los servidores se contaban por centenares y los hackers eran lobos solitarios como aquellos encapuchados de las películas que teclean furiosos para sabotear un banco o una gran corporación.

Con millones de servidores activos y equipos de hackers respaldados por algunos gobiernos, los sistemas pueden ser atacados desde esa cafetera, dijo y señaló el aparato lleno de botones y lucecitas donde el número de tazas, el sabor de la bebida y la hora de la percolación se controlan a través del wifi.

Los diarios informan de sabotajes en hospitales japoneses que deben pagar varios miles de dólares para liberar sus sistemas y permitir que sus quirófanos funcionen o el sistema de citas de sus pacientes no colapse.

Con la excusa del expansionismo chino, Japón ha empezado el rearme y en cinco años tendrá, si se cumplen las previsiones, el tercer ejército más rico del mundo después del de Estados Unidos y el de China.

Mi interlocutor me recordó que dentro de un nuevo programa de seguridad nipón anunciado en diciembre de 2022 se fijó una partida para formar 4.000 ciberguerreros. El reto ahora es formarlos cuanto antes, concluyó, y repitiendo sus disculpas por parecer egoísta, afirmó que estaría dispuesto a hacerlo.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias