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Torre de Tokio: Guernica eterno

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

En el museo Centro de Arte Reina Sofía es donde está ahora el famoso cuadro.
Foto: Cortesía de Gonzalo Robledo
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Fiel a su entusiasmo por las copias de monumentos y obras célebres del mundo, Tokio alberga una réplica del Guernica, el homenaje de Picasso a un pueblo vasco bombardeado en 1937 y cuya vigencia como emblema pacifista se prolonga cada vez que mueren civiles inocentes en un conflicto internacional. La copia japonesa está impresa sobre cerámica y se expone en la plaza interior del céntrico edificio Oazo, al frente de una cafetería. Es uno de los pocos sitios del mundo donde uno puede tomarse un café con leche mirando la escena del primer bombardeo masivo sobre una población civil en la historia. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Se dice que Picasso eligió el tema y la escala monocromática de su enorme pintura al ver en un diario parisino la fotografía del encarnizado ataque perpetrado un lunes 26 de abril por la aviación de la Alemania nazi, en contubernio con las fuerzas franquistas españolas. Imaginar aquella realidad despedazada tras varias horas seguidas de bombardeo debió ser paradójico para el pintor español célebre por su revolucionario lenguaje pictórico de formas fracturadas llamado cubismo.

La composición de la obra, sin embargo, tiene raíces clásicas y algunos expertos señalan su parecido con Los horrores de la guerra, de Rubens, una pintura antibélica del siglo XVII, cuyo elenco incluye también una figura clamando al cielo con las manos levantadas y una madre con un bebé inerme en sus brazos. Para los amantes del cine, la hipótesis más atractiva es la de un Picasso inspirado por la trepidante secuencia del bombardeo nocturno de Adiós a las armas (1932), película norteamericana de Frank Borzage basada en la novela homónima de Ernest Hemingway.

La réplica de Tokio fue financiada en parte por uno de los hijos de Picasso llamado Claude, y responde al anhelo que durante décadas tuvieron muchos japoneses de ver el original en algún museo del archipiélago, como homenaje a los miles de muertos y sobrevivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. El cuadro nunca visitó Japón pese a que Picasso prometió no exponerlo en España hasta el final de la dictadura del general Franco y lo mandó a un largo periplo mundial.

Picasso falleció en 1973, el caudillo en 1975 y el cuadro viajó de Nueva York a Madrid en 1981. Actualmente se exhibe en el Centro de Arte Reina Sofía de la capital española, donde se promociona como “un emblema ante cualquier episodio de violencia o vulnerabilidad de la población civil”. La obra de Picasso se cita cada vez que hay ataques como los ocurridos en Dresden, Hiroshima, Nagasaki y Vietnam. Este año Ucrania ayuda a explicar el largo aliento del Guernica.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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