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Torre de Tokio: senilidad productiva

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Escena típica con personas mayores en el barrio de Yurakucho, en el centro de Tokio.
Foto: Gonzalo Robledo
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El envejecimiento de la población avanza como una marea que inundará a países ricos y pobres, advierten los demógrafos y piden atención para la práctica nipona de prolongar al máximo la vida productiva de los mayores, que podría resumirse en la hipotética proclama: “¡A trabajar, viejitos!”. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Enfrentado a la cada vez más larga esperanza de vida de sus ciudadanos y a la caída de la natalidad, el gobierno nipón lanzó en 2017 un plan llamado la “Era de los 100 años” que, con medidas como el aprendizaje permanente, busca mantener ocupado al mayor número de personas de la tercera edad. La población japonesa de más de 65 años ronda ya el 30 % del total (la cifra más alta del mundo industrializado), y nueve millones de ellos tienen alguna forma de empleo, según una estadística oficial.

Por necesidad económica, o por temor a aburrirse durante un período que se puede alargar hasta cuatro décadas, muchos japoneses jubilados encuentran un nuevo empleo para aprovechar su saber acumulado y su remanente de salud y fuerza física.

Los más afortunados siguen trabajando a tiempo parcial en sus empresas y prestan servicios auxiliares, o se han convertido en mentores de la nueva generación de empleados. Otros, no tienen problema en bajar de rango laboral y, tras haber administrado empresas, pasan a cuidar condominios, limpiar edificios o vigilar obras de construcción.

Como la consecuencia más temida de una sociedad capitalista envejecida es la disminución de la tasa de crecimiento económico, Japón investiga tecnologías de la información para permitir también la inserción laboral de personas que tienen alguna discapacidad.

La movilidad automatizada y la inteligencia artificial aplicada a la industria de los servicios podrían ayudar a Japón a mantener el ritmo de crecimiento necesario para un archipiélago despoblado sin recurrir a la inmigración masiva. Por su parte, empresas que emplearon a adultos mayores temen el desgaste físico y el deterioro cognitivo y han fijado la nueva edad de retiro en 72 años. En consecuencia, muchas compañías se disputan los empleados de 60 como si fueran los nuevos veinteañeros.

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo de 2018 titulado “Panorama de envejecimiento y dependencia en América Latina y el Caribe”, avisa que la vejez ya no tiene fronteras geográficas ni económicas, y que en 2050 países como Brasil, Chile y Colombia se parecerán a Japón.

Mientras tanto, se puede constatar que ya hay algo de América Latina en Japón visitando las zonas rurales del archipiélago para encontrar al fibroso octogenario de piel curtida por el sol que desdeña las proyecciones sociológicas y aspira a que la pelona lo encuentre con la cintura doblada y el azadón en la mano.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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