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Torre de Tokio: tauromaquia nipona

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Cartel de la película El imperio de los sentidos (Ai no Corrida)1976, del director japonés Nagisa Oshima.
Foto: Gonzalo Robledo
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Aunque Japón repudia las corridas de toros, pues la impronta budista de su cultura condena el maltrato animal, la liturgia taurina entronca con su gusto por las ceremonias y hace que muchos japoneses admiren el solemne ritual de la fiesta brava. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Llego a esta reflexión gracias al experto español Fernando González Viñas, escritor especializado en tauromaquia y conocedor de la cultura japonesa con quien tomamos café con leche en una de sus recientes visitas a Tokio.

Autor de libros biográficos sobre Manolete, José Tomás y su paisano Manuel Benítez “El Cordobés”, González Viñas investigó la película “El imperio de los sentidos”, una polémica historia erótica dirigida por Nagisa Oshima en 1976 y titulada en japonés “La corrida del amor”.

Basada en un célebre crimen pasional de los años treinta, la historia cuenta el caso de Sada Abe, una prostituta que estranguló a su amante, le cortó los genitales y se los llevó como un trofeo hasta su captura varios días después.

El sangriento episodio fue objeto de numerosos reportajes, libros y películas. Oshima encontró un pretexto perfecto para un paralelo cinematográfico entre el amor obsesionado y la corrida de toros y puntuó su narración con reminiscencias taurinas como patios de arena, quimonos color rojo muleta y heridas con navaja de afeitar que, como banderillas, preludian la aparición del cuchillo-estoque para el desenlace final.

Por sus repetidas escenas de sexo explícito y la crudeza de la castración, la película fue censurada y su proyección cancelada en festivales de muchos países. El gobierno estadounidense prohibió su participación en el Festival de Cine de Nueva York y un crítico resumió el calvario legal de la cinta en una crónica titulada “El imperio de los censores”.

Tal revuelo duró décadas (Australia solo aprobó su distribución comercial hasta 2009), e impidió que el público y la crítica mundial apreciaran un elaborado diálogo entre la simbología atávica de la tauromaquia y el erotismo desinhibido y chocante de las estampas japonesas shunga.

En un recomendable ensayo publicado en el número 18 de la revista Boletín de Loterías y Toros, González Viñas, explica que Oshima coincide con quienes ven la corrida como una pugna entre los principios femeninos y masculinos, “una lucha de seducción entre el torero y el toro”.

En la era actual de contenidos pornográficos clasificados por algoritmo, es posible que “El imperio de los sentidos” sea vista como una película medianamente irreverente dirigida por un autor adelantado a su tiempo.

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Pero las implicaciones sociales y estéticas de la obra, la han convertido en referencia obligada y muy necesaria en un futuro, cuando la vilipendiada tauromaquia se estudie como un acervo cultural que se extinguió.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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