En su primera visita a Tokio como presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tal vez sin proponérselo, le consiguió un cupo en la historia a la mujer que le sirvió un té vestida de quimono: la esposa del primer ministro japonés, Fumio Kishida. “Apoya a su marido al tiempo que debuta como primera dama”, celebraron en coro algunos diarios japoneses al comentar la foto publicada a las pocas horas de terminado el evento. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
En la imagen, Yuko Kishida le sirve a Biden una taza de té verde en una ceremonia tradicional, para la cual los comensales se sientan en el suelo de tatami, pero que en esta ocasión, en deferencia a las largas piernas del mandatario y a sus 79 otoños, fue amueblada con mesas occidentales y asientos con respaldo.
En las redes sociales circularon elogios por el acierto de elegir un acto folclórico para demostrar la gran hospitalidad del pueblo japonés hacia el líder de una potencia que, con miles de soldados y bases militares, convirtió el archipiélago en un inmenso portaaviones presto a contrarrestar cualquier ataque hacia el océano Pacífico iniciado en China o Corea del Norte.
Nadie comentó, por evidente, que las bases americanas hacen de Japón el blanco más cercano, fácil y obvio de los misiles comunistas disparados en esa dirección.
Se comentó el color turquesa pálido del quimono, pero nadie habló sobre lo amargo del té verde y lo poco que suele gustar a los paladares devotos de la glucosa como los norteamericanos.
Una joven japonesa descalificó la escena por perpetuar el estereotipo de la mujer sumisa dedicada a labores domésticas para entretener a los amigos de su marido.
Por estar protagonizada por una mujer oriental en quimono y un hombre blanco poderoso en medio de un periplo asiático, la escena evocó además los arquetipos de Madame Butterfly, la ópera de Puccini sobre la geisha abandonada por el capitán norteamericano Pinkerton.
La imagen quedará asociada a la beligerante declaración que emitieron Biden y el primer ministro, Kishida, condenando a Rusia por la invasión a Ucrania y reiterando la firme oposición de Washington y Tokio a “los reclamos marítimos ilegales de China”.
A los tres días de regresar Biden a su país, la prensa económica nipona anunciaba que Japón se disponía a exportar aviones de combate y misiles a 12 países selectos, entre los que figuraba Estados Unidos, pero, por supuesto, ni China ni Corea del Norte.
Kishida confirmaba así su disponibilidad a seguir el camino del rearme y Biden deberá aceptar que, después de todo, el té que le preparó la mujer del quimono no era tan amargo.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.