Siempre en el lugar equivocado. Siempre con la declaración inoportuna.
Posa de izquierdista y actúa como un gamonal de las derechas. Se cree director técnico y cuando le dan la oportunidad entiende que la única táctica en el fútbol es tocarle las nalgas a sus jugadores y llenarlos de besos en público.
Su vida ha discurrido entre el éxito y el ridículo. Fenomenal como jugador de fútbol, una zurda privilegiada, un talento inconmensurable, el mundo le ha recompensado su habilidad para jugar a la pelota encumbrándolo al Olimpo de los elegidos. Sin embargo, su mancha personal tiene muchos episodios en los que la adicción a las drogas, sus declaraciones, su conducta particular, le encasillan entre un ser incomprendido, un rebelde con causa y un loquito pretencioso.
No puede pasar un día sin figurar en la prensa. Habla de fútbol, política, religión, filosofía, astronomía, budismo y cuanto tema le pongan por delante. Su boca parlanchina tiene opiniones para temas humanos y para temas divinos y en todos actúa con la propiedad muy argentina de la prepotencia para sentar cátedra, para dejar bien claro que esa es la única opción posible, la que él dio. No son opiniones, son preceptos divinos. Por algo tiene una iglesia y algunos más locos que él le llaman Dios. Él también ha terminado por creérselo y actúa así.
Trabajó en forma baja y villana para sacarle el puesto en la selección a quien decía que era su amigo. Le armó una camarilla que se la jugó por tenerlo de técnico y hoy dicen que ha sido lo peor que ha podido pasar porque son nulos sus conocimientos para ser el encargado de una selección de tanto prestigio.
Nadie osa decir que su ciclo como técnico debe terminar. Alienta, patrocina y maneja las barras bravas, otros sinvergüenzas igual que él, y a quien intente oponerse a sus caprichos y designios le llega la intimidación, el ataque personal y los actos de violencia. Además tiene el apoyo directo del Kirchnerismo, otra forma de ser barra brava.
Por eso, a quien le conoce bien, quien le ha seguido todos los pasos y sus mil y un desaguizados, no le extrañó verlo ahí, al lado del orangután, asintiendo con su mirada y sus palabras lo que dice el mico mayor, el que posa de demócrata, cierra canales de televisión, radios y periódicos, persigue la oposición, encadena los enemigos y mata las ilusiones de un pueblo que un día creyó ver en el otro Mesías.
Todos los pueblos que creen en esos seres superiores, esos dioses venidos del Olimpo a redimir naciones terminan así, allá y acá. Dios los cría y ellos se juntan.