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Bogotá, destruyendo la ciudad

20 de agosto de 2013 - 04:36 p. m.

No escribo a favor ni en contra de Petro. Mucho de lo que mencionaré no es resultado de su administración, pero como gobernante podría mejorarlo.

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En lo público como en la gestión empresarial, la cabeza, el gerente, siempre es parcialmente responsable del resultado.

Escribo como habitante de un espacio urbano que cada día es menos vivible y que pierde virtudes que otrora tuvo. Soy bogotano pero la dinámica urbana me invita a abandonar mi ciudad. La contaminación atmosférica, las basuras, los trancones, los huecos en las calles, los ladrones se juntan para invitarme a buscar otro lugar donde vivir. ¿Qué me convoca a seguir viviendo allí? Mi sentir bogotano, las posibilidades laborales, las oportunidades educativas, la ciclovía, los cerros orientales. Bogotá es donde me crié y donde trabajo, es un lugar que de una u otra manera, para bien o para mal, he ayudado a construir.

Algunas dinámicas que favorecen el rápido crecimiento poblacional de la capital y que dificultan la posibilidad de un crecimiento armónico no dependen esencialmente de la Administración Local, ni del actuar ciudadano: la concentración de la actividad productiva y del crecimiento del mercado; la creciente capacidad de demanda de la población bogotana así como la localización de los centros de educación y formación profesional, y la distribución de la burocracia del nivel nacional, entre otros aspectos, son dinámicas que no puede modelar de manera autónoma la Alcaldía ni la ciudadanía. Como resultado de múltiples y diversas fuerzas, nacionales y locales, Bogotá crece más rápido que las demás capitales de América.

La Administración Local puede poner impuestos más altos a las actividades productivas que decidan instalarse en la cuidad, para incentivarlas a que no se ubiquen en Bogotá; puede incrementar los impuestos al consumo, para que todos los que tengan la posibilidad de vivir en otros lugares lo hagan; puede gravar los centros educativos, para que estos prefieran construir sus nuevas sedes en otras ciudades.

La Alcaldía, con los recursos disponibles, puede intervenir de manera más efectiva algunos aspectos y generar un crecimiento menos caótico. Entre otras cosas: la calles podrían estar mejor cuidadas y las obras de reparación adelantarse de manera más eficiente, generado menos caos en el transporte. Siendo Bogotá la ciudad de más alta densidad poblacional en America Latina, debería apropiar los cerros orientales como espacio seguro de recreación y respiración de aire puro para una ciudadanía asfixiada por la contaminación urbana. Lamentablemente, los cerros son un espacio dominado por la delincuencia común que la administración cada día controla menos. La contaminación vehicular puede controlarse de manera más estricta. La basura puede manejarse mejor: copiar los sistemas que muchas ciudades tienen de separación en la fuente con recolección y destino diferenciado; aumentar el reciclaje, aprovechar lo biodegradable y disminuir el impacto negativo de los demás residuos.

Nosotros, como sociedad civil, como ciudadanos, podemos y debemos contribuir más con nuestro medio urbano, no dejar todo a la Administración Pública. Medellín es un buen ejemplo.

 

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