LA RECIENTE CONFERENCIA DE Cambio Climático logró poner a los líderes mundiales, y en general al planeta, a hablar de “calentamiento global”. En Colombia, expertos como Juan Pablo Bonilla o Juan Pablo Ruiz, entre otros, nos podrán ilustrar y seguramente recomendarán las políticas más convenientes para los próximos años.
Sin embargo, las consecuencias de este tema a nivel internacional trascienden a los especialistas. El cambio climático ya influye en varias esferas: en la geopolítica, en el desarrollo económico, en la agenda de tecnología, y en la sostenibilidad ambiental. Pareciera que las sociedades que primero puedan entender lo que estos cambios significan y consecuentemente logren adaptarse podrían estar a la vanguardia de la prosperidad en los próximos años.
En ese sentido, es interesante revisar el informe sobre el Futuro de la Energía que las Academias de Ciencias de los Estados Unidos publicaron hace unos meses como hoja de ruta de ciencia y tecnología. Hoy la investigación científica en las grandes universidades está centrada en desarrollos para reducir el uso de fuentes de energía tradicionales. Por ejemplo, están trabajando en nuevas aleaciones para disminuir el peso de los carros, o de los motores de avión. Hay esfuerzos por encontrar fuentes de energía alternativas, que aunque tomaran décadas para reemplazar los hidrocarburos, irán tomando su espacio. Existe investigación sobre el uso de la energía nuclear en coordinación con el desarrollo de vehículos eléctricos, que de darse transformaría el transporte vehicular. En fin, son cientos de millones de dólares públicos y privados dedicados hoy a la investigación y al desarrollo en este campo.
Esto no está sucediendo solamente para proteger el medio ambiente. Esta movilización de recursos económicos, científicos y políticos, refleja la preocupación que existe en los países más ricos por garantizar su seguridad energética como elemento central de su estabilidad y prosperidad económica. La mayor demanda por energía por parte de China, India y otros países emergentes, así como las dificultades políticas que enfrentan en las zonas productoras de hidrocarburos como Oriente Medio, Rusia, y ahora Venezuela, han motivado en buena medida la decisión de intentar romper con la dependencia a través de avances científicos.
En el caso de Colombia, tendremos que reflexionar con calma, pero con efectividad. Es necesario entender la riqueza de nuestro medio ambiente y su significado en la ecuación global. También conviene dimensionar las ventajas de alcanzar algún liderazgo en esta revolución tecnológica. Por ejemplo se podría: maximizar el volumen exportable de hidrocarburos; atraer inversión de industrias líderes en las nuevas tecnologías para experimentar y con ello impactar la productividad; y contribuir a la consolidación del control territorial llevando proyectos ambientales rentables para la población en zonas afectadas por el narcotráfico y el terrorismo. No es la primera vez que el mundo está en medio de un cambio tecnológico, pero tal vez sí es una de las pocas veces en que el país tendría ventajas comparativas a su favor para aprovechar. Este tipo de reflexiones se hicieron en el pasado frente a retos tecnológicos similares en Japón, Corea del Sur, Irlanda o Chile con resultados positivos.
Nota: gracias a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas, que en estas fechas de unión familiar están lejos de las suyas por el bienestar de los colombianos.