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Dobles calzadas y megacolegios

12 de noviembre de 2010 - 09:55 p. m.

NO RECUERDO CUÁNDO FUE QUE SE empezó a hablar de manera tan insistente sobre la necesidad de construir dobles calzadas.

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Por lo menos en el caso de la Costa Caribe creo que esto no lleva más de una década. Es innegable que en muchos tramos de la red vial nacional se necesitan dobles calzadas. El que lo dude no tiene sino que transitar a paso de tortuga por la vía que va del peaje de Tasajera hasta la ye de Ciénaga, en el departamento del Magdalena, para convencerse de ello. Sin embargo, lo lamentable es que las dobles calzadas parecen haberse convertido en una moda perjudicial, pues hay muchas zonas en la cual la red vial nacional funcionaría muy bien con una calzada sencilla, pero en buen estado, y nadie habla de eso.

A los ministros de Transporte parece que les gusta mucho hablar de grandes y millonarias inversiones en dólares, pero muy poco o nada de labores esenciales de reparación y mantenimiento. El funcionamiento de muchos tramos de las carreteras colombianas mejoraría de manera significativa con pequeñas inversiones en reparcheo, arreglo de sectores con deslizamientos o hundimientos, entre otros trabajos menores. El costo de no hacerlo es enorme, en accidentes, tiempo, combustible, daños a los vehículos y, sobre todo, costo de oportunidad de las mercancías y los vehículos.

Un ejemplo muy claro de lo anterior es lo que sucede con la vía Gambote-Montería. En la actualidad se encuentra en muy mal estado y con muchos huecos. Por allí transitan hacia Medellín y el resto de Antioquia todas las importaciones que para esa región del país llegan por el puerto de Cartagena. Igualmente viajan los productos de exportación que Antioquia envía a los mercados mundiales por barco desde Cartagena. Una inversión en mantenimiento reduciría mucho los tiempos y otros costos del transporte terrestre.

Pero el problema de que los megaproyectos desplacen las acciones micro debido a su alta visibilidad, no sólo ocurre con las carreteras. Igual sucede en muchas otras esferas y niveles de la acción pública. Parecería que lo mega es atractivo por lo vistoso, porque beneficia la percepción sobre la calidad de las actuaciones de los funcionarios y porque el sector privado, que obtiene ganancias con esas inversiones, promueve sus intereses de diversas maneras y con mucha efectividad.

Un caso de desplazamiento de las acciones micro por los macroproyectos en el nivel local es el de los megacolegios, otra expresión de moda. Algunos alcaldes no paran de hablar sobre los muchos megacolegios que van a hacer o están haciendo, para demostrar su compromiso con la educación. Sin embargo, va uno a cualquier escuela pública de ese ente territorial y la encuentra sin pintar, con los techos en mal estado, con las sillas en pésimas condiciones, con baños que son un irrespeto para la dignidad de los alumnos. Todo lo cual se podría solucionar con unos pocos pesos, si hubiera la voluntad para hacerlo. Pero ningún alcalde sale en el periódico porque arregló unos baños, porque mandó a pintar unas paredes, porque ya no hay goteras en las escuelas y colegios. Lo grande desplaza lo importante.

Sin lugar a dudas el desarrollo del país y sus regiones depende de que se adelanten megaproyectos de gran impacto. Pero ello no debe ser motivo para olvidarse por completo de la labor del Estado en frentes menos llamativos, más modestos si se quiere, pero a veces de mayor rentabilidad social y económica.

Es la revolución de las pequeñas cosas, de la cual periódicamente se habla, pero rápidamente se olvida.

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