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Excavando en territorio virgen

22 de junio de 2012 - 06:00 p. m.

El pasado 6 de marzo se cumplieron 100 años del nacimiento de Gerardo Reichel-Dolmatoff (1912-1994), considerado el padre de la arqueología colombiana.

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En 1939 llegó a Colombia huyéndoles a los nazis. Es casi seguro que durante el resto del año oiremos hablar sobre sus trabajos pioneros en etnografía y arqueología, así como de su biografía intelectual y política durante los años previos a su salida de Alemania, tema poco conocido.

Ninguna región del país le debe tanto a Reichel-Dolmatoff y a su esposa, la antropóloga Alicia Dussán de Reichel, como la costa Caribe colombiana. Esta región la conoció a fondo, pues vivió allí durante más de 11 años, investigó sus pueblos indígenas y excavó su territorio. Pero sobre todo la conoció muy de cerca porque en el curso de sus investigaciones se movió por toda su geografía. Por eso, al final de su vida diría sobre la costa Caribe: “La he recorrido durante años, de La Guajira hasta el golfo de Urabá, desde las cabeceras del Sinú hasta la serranía de Perijá. Conozco Atánquez y Acandí, Carraipia y Mamarongo, el Ariguaní y el Bichichí. Trabajé en las sabanas de Tamalameque y de Corozal, en las selvas del Darién y en las riberas de los grandes ríos… Puedo decir que estoy muy familiarizado con la Costa, que la mayoría de mis estudios se refieren a esa región del país…”.

Entre 1946 y 1950, los esposos Reichel-Dolmatoff vivieron en Santa Marta y llevaron a cabo una labor de excavaciones arqueológicas en los departamentos de Magdalena y La Guajira. Hasta esa fecha el único trabajo de arqueología que se había hecho en esa zona fue en la década de 1920, por un profesor norteamericano, en el sitio conocido como Pueblito, en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los esposos Reichel-Dolmatoff también vivieron en Cartagena desde 1954 hasta 1960. Desde allí se dedicaron a excavar en los departamentos de Bolívar y Córdoba, donde estudiaron más de dos docenas de lugares en sitios como Barlovento, Crespo, Momil, Zambrano, nombres que hoy son parte de la tradición arqueológica.

Posteriormente a su radicación en Bogotá, en 1961, Reichel-Dolmatoff excavó los concheros de Puerto Hormiga, en inmediaciones de la desembocadura del Canal del Dique en la bahía de Cartagena. Allí encontró la que durante unos años se consideró la cerámica más antigua de América, 3.000 años antes de Cristo.

Hasta mediados de la década de 1950, cuando los esposos Reichel-Dolmatoff adelantaron trabajos en lo que fue el Gran Bolívar y que incluía lo que hoy es Córdoba, Sucre, Bolívar y Atlántico, no se había hecho un solo trabajo de excavación en la zona y menos con los métodos modernos de la arqueología que ellos usaron, como la estratigrafía y la datación por medio del carbono 14. Las excavaciones las hicieron durante los meses de verano (diciembre a abril) de cada año, pues en la época de lluvias, mayo a noviembre, los caminos sin pavimentar se hacían casi intransitables. Una obra monumental desde el punto de vista intelectual. Además, una obra en la cual el trabajo de una mujer, Alicia Dussán de Reichel, debería ser reconocido por su importancia, calidad y pertinencia.

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