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Sobreviviendo al timonel

06 de febrero de 2009 - 09:47 p. m.

EL SIGLO XX NO SE PUEDE ENTENder sin los testimonios de los sobrevivientes de los campos de exterminio nazis, los Gulag soviéticos y el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural en China.

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En los tres casos una figura sobredimensionada por sus contemporáneos dominó la vida política con férrea voluntad y enorme concentración del poder, el dictador total. Hitler, Stalin y Mao conforman esta trilogía de espanto que llevó a la tumba a más de 50 millones de personas.

Sobre los crímenes perpetrados con la dirección de Hitler se conocen muchos detalles, pues la derrota militar de Alemania en 1945 permitió el acceso a los testimonios de los sobrevivientes y a los archivos. En el caso de Stalin, algo se pudo conocer desde que en la década de 1950 Kruschev reconoció una parte de los excesos de su antecesor. En el caso de Mao Zedong el curso que tomaron los acontecimientos después de su muerte ha limitado un balance histórico más profundo de su destructivo ejercicio del poder. Quien reorientó el curso del Partido Comunista después de la era de Mao, el pragmático Deng Xiao-Ping, evitó deliberadamente el desgaste político que hubiera implicado reconocer los estragos que sufrió el pueblo chino durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Aunque él mismo fuera una de las víctimas, el líder de la renovación solicitó que en relación con los errores de Mao los documentos oficiales fueran premeditadamente imprecisos.

El testimonio de Jung Chang, quien nació en 1952, en el libro Cisnes salvajes, está llamado a ocupar un lugar privilegiado en la bibliografía sobre el horror totalitario del siglo XX, al lado de los de Primo Levi y Alexander Solzhenitsyn.

Su participación en el Hay Festival Cartagena 2009, que se realizó la semana pasada, es uno de los puntos a destacar de ese exquisito encuentro de autores y lectores.

Jung narró la historia de la China en el siglo XX, y hasta 1978, a través de la vida de su abuela, su madre y la suya propia. A pesar de que sólo contaba con seis años cuando se iniciaron las políticas económicas del Gran Salto Adelante (1958-1962), recuerda vivamente el hambre que logró percibir en muchas ocasiones, a pesar de que su familia no sufrió tanto en esa época, debido a la posición privilegiada de sus padres dentro del Partido Comunista. En esos años murieron unos 38 millones de personas, sobre todo en el campo, incluido un hermano retrasado de su padre. Para Mao esas muertes fueron un costo menor en su intento por convertir, a cualquier costo, a la China en una potencia económica y militar.

Durante la Revolución Cultural (1965-1975), miles y miles de funcionarios del Partido Comunista, de la antigua burguesía, o que habían tenido vínculos con los sectores políticos reaccionarios antes de la revolución, fueron perseguidos brutalmente por jóvenes activistas, los Guardias Rojos, que contaban con el patrocinio político de Mao.

Ambos padres de Jung Chang fueron perseguidos y encarcelados durante la Revolución Cultural. Su padre resultó tan maltratado física y emocionalmente que con el tiempo se le desarrolló una esquizofrenia. A pesar de todo esto, o tal vez por ello, Jung Chang se enroló en las filas de la Revolución Cultural. Una de sus tareas fue la de actuar como médica descalza en una zona rural. Como tantos Guardias Rojos realizó la peregrinación a Beijing para rendirle culto a Mao.

El relato termina en 1978, cuando Jung Chang viajó a Inglaterra para realizar un doctorado en filología. Por encima de todo, Cisnes salvajes es un libro sobre el espíritu humano y su resistencia a la injusticia. Es también una advertencia sobre los peligros del culto a la personalidad.

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