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Los economistas y la bestia

31 de mayo de 2009 - 08:38 p. m.

Florece en el debate actual un interesante ‘toma y dame’ sobre el papel de los economistas en la gestación, propagación y profundización de la actual crisis financiera.

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Según los críticos, ideas tales como la hipótesis de los mercados eficaces y las expectativas racionales inspiraron hace muchos años un movimiento desregulador que castigó la prudencia y gestó la bestia de la futura hecatombe.

Segundo, dicen, otra familia de ideas, con contrapartida en fórmulas algebraicas sencillas y fáciles de implementar, atinentes a la valoración misma del riesgo y su cobertura, permitió expandir el mercado para unos activos compuestos por diferentes flujos de caja subyacentes, los cuales terminaron multiplicando, y no dividiendo, como se suponía, la exposición al riesgo de mercado, permitiendo nutrir y propagar el pequeño monstruo ya gestado.

Tercero, al subestimar el tamaño del meollo, montando una defensa a ultranza de este par de principios conceptuales, los economistas influyeron en causar la doble tardanza con la cual los gobiernos y bancos centrales calibraron la extensión real del maleficio, primero, y finalmente actuaron para combatirlo, segundo. Factores, esta doble tardanza, que profundizaron los estragos causados por la bestia.

Aunque hay muchos granos de verdad en cada una de estas tres imputaciones, ninguna luce estrictamente válida a la luz de las cifras. Primero, por cualquier lado que se le examine, el peso de la regulación financiera subió en los últimos años, nunca bajó. Un ejemplo sencillo: en EE.UU. el presupuesto de las agencias encargadas de la regulación financiera se multiplicó por tres, medido en dólares de 2000, de US$725 millones en 1980 a US$2.300 millones en 2007.

Segundo, hay evidencia fuerte en el sentido de que el exceso de regulación en materia de requisitos de capital, no su ausencia, es el factor explicativo fundamental detrás de la decisión de los intermediarios de titularizar diversos activos, sacarlos de sus balances y elevar, sin transparencia, el apalancamiento del sistema en su conjunto. Sin hablar del peso que tuvo la presión política para financiar la vivienda de interés social y luego titularizar e irrigar esas dudosas acreencias.

Tercero, si bien hay muchos matices, lo cierto es que desde por lo menos 2005 diversos economistas venían llamando la atención sobre dos grandes temas económicos. Primero, la coexistencia, notoria desde comienzos de la década, de grandes excesos de ahorro en algunos países y grandes déficit en otros. Segundo, sobre los efectos que ello estaba implicando en el mercado de capitales: una creciente y cada vez más compleja exposición a activos emitidos en un puñado de países deficitarios que, entre otras cosas, vieron una elevación sustancial en el precio de dichos instrumentos.

De las conclusiones que vaya arrojando este debate, surgirán medidas de política pública, algunas de las cuales mejorarán los entornos económico y social del futuro. Sin embargo, la historia demuestra que entre más ideológico sea el debate, lo cual me temo que es el caso actual, muchas otras de las medidas, todas amparadas en loables objetivos, harán todo lo contario.

*Ex ministro de Hacienda y Consultor privado

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