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Sapo Plácido

30 de julio de 2014 - 10:00 p. m.

Yo no tengo idea acerca de su origen, pero la fábula de los dos sapos y la olla de agua me parece una manera estupenda de pensar en la situación actual de la economía internacional.

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Me explico. Según el cuento, hay una olla que contiene agua fría y un sapo que reposa plácido. La temperatura empieza a subir, muy gradualmente, y la placidez sigue idéntica. Al llegar a cierta temperatura, bordeando ya el límite de lo tolerable, se lanza al segundo sapo a la olla de marras, cosa que le choca tanto que pega un salto espectacular apenas roza el agua, salvándose de quedar asimilado al infierno hirviente que, a estas alturas del partido, convirtió a su colega en un sancocho literal.

Quien puede dudar, en la inmensa mayoría de los países emergentes que llevamos varios años en los que las aguas son tranquilas, los vientos son mansos y las almas son plácidas. El problema es que, como ya lo vienen sugiriendo desde distintos lares, hay razones fuertes para pensar que la temperatura está subiendo.

Quizás la institución que mejor diagnosticó la dinámica peligrosa que estaban tomando los mercados de capitales hacia el 2006 fue el Banco de Pagos Internacionales. De manera correcta, y contra el escepticismo de observadores menos agudos, el BIS (por sus siglas en inglés) planteó que los mercados financieros, en gran parte por una política monetaria demasiado laxa, estaban poniéndole un precio demasiado bajo al riesgo, que sus balances estaban sobreestimando el valor de los activos, especialmente porque el riesgo estaba consignado en vehículos financieros vulnerables a perturbaciones sistémicas, como por ejemplo una caída en el precio de la vivienda y que todo ello era extremadamente peligroso.

El punto de fondo es que hoy día el BIS está planteando que la situación actual es tan delicada, si no mas delicada, de lo que era el caso en aquella época. “Si nos preocupaba la deuda en 2007, no podemos estar mas tranquilos hoy” ha dicho su director, el español Jaime Caruana.  Las razones son varias. Primero, porque no hay señales de que el crecimiento económico tenga fundamentos en la productividad y la inversión, en esencia porque no se han dado las reformas necesarias. Segundo, porque los niveles de deuda han subido de manera sustancial, tanto en el sector público como en el sector privado. Tercero, porque los mercados financieros están embrujados por una política monetaria insostenible por lo tolerante y manirrota. Juntando los argumentos, la historia es mas o menos esta: con el mejor de los propósitos, los bancos centrales le indujeron un gigantismo deliberado a sus balances, con lo cual atrofiaron el proceso de formación de precios en diversos mercados de activos, motivaron un endeudamiento excesivo y facilitaron demoras en procesos de reestructuración y ajuste estructural. La exposición a los costos que siempre implican las alzas en las tasas de interés, que hoy día parecen inevitables, es elevada a lo largo y ancho del mundo

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional, en la versión 2014 del tradicional informe sobre propagación (Spillover Report) que el directorio del organismo analizó el 7 de Julio pasado, expresó inquietudes similares, aunque su énfasis fue el crecimiento económico. Según el reporte, hay tres factores de riesgo que no son independientes entre si y que afectarán la evolución de la economía global con respecto a los escenarios “base” que el FMI hizo públicos hace unos meses. Primero, tasas de interés mas altas en Estados Unidos e Inglaterra, bien sea inducidas por la política monetaria o por el mercado mismo, empinando la curva de rendimientos. Segundo, la desaceleración en los países emergentes, causada sobre todo por menores retornos al capital. Tercero, los posibles riesgos de mas turbulencia financiera derivados del pesimismo asociado al menor crecimiento en los países emergentes. En suma, el riesgo asociado a la suma de los tres factores equivale a bajar en 2% el PIB, con asimetrías entre  países, alcanzando 4% en países emergentes vulnerables.

En gran síntesis, estamos metidos en una olla, el agua se está calentando y la placidez que nos abraza ya está preocupante. Sin duda, desde los días nefastos de 2002 en Colombia hemos avanzado inmensamente en construir amortiguadores institucionales y financieros, pero debemos reconocer que llevamos varios años plácidamente aplazando reformas, acumulando deudas y jugando a ciegas con las reglas del juego, todo lo cual es muy negativo de cara a este nuevo escenario que vislumbran dos importantes observadores.

@CarrasqAl

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