Me escribe Amira que esta postrera partida de ajedrez no la está ganando su marido Boris de Greiff (Medellín, 1930 – Bogotá, 2011) (Campeón colombiano de ajedrez, 1951) (Hijo de Matilde Bernal y Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Haüsler) (Representó a Colombia en nueve Olimpíadas de ajedrez) (Uno de los grandes créditos del ajedrez nacional, con Miguel Cuéllar Gacharná y Luis Augusto Sánchez) (Busquen en google la foto de la partida que jugó contra Boris Spassky en La Habana, en 1962, mientras observa de pie un ajedrecista aficionado, el ministro de Industrias de Cuba, Ernesto Guevara).
El año pasado Boris escribió sobre un dichoso azar del año 2002: “Fui al correo de la Hacienda Santa Bárbara a enviar algo. Vi a una señora que me pareció conocida y le pregunté a la empleada: ‘La señora que está ahí, ¿no es Silvia Galvis?’. Ante su respuesta afirmativa, me presenté. Los dos comenzamos a charlar, fuimos a tomar café. No sé cuántas horas transcurrieron. Amira, mi esposa, preocupada en la casa, sin saber en dónde buscar al señor. Finalmente aparecí y le conté del feliz encuentro. De ahí en adelante, comenzaron unas relaciones tan agradables con Silvia y Alberto, que no sabría calificar adecuadamente. Maravillosas”.
Sí he conocido personas tan acentuadamente afectuosas como fue Boris, en que la jovialidad retoza con el cariño y emula la agudeza y desborda el ingenio, pero no son más de cuatro o cinco, contando a Silvia.
Boris: al linde del otoño, preludio del descenso, no es oportuno todavía descansar, sino seguir pugnando, con humor e indolencia, no es el crepúsculo, andar un poco más, un poco más, en silencio y sin pensar, sin brújula en la bitácora, en el recodo de todo camino, viaja en alas del hechizo, 81 años largos de talle.
Boris: lo primero de todo es el amar. Hay que amar a destajo hasta morir. Hasta que Cronos blanda su segur. Lo primero de todo está en se dar. En se dar para en trueque recibir.
Boris: para decir es tarde lo que jamás se dijo, si lo abolió el olvido. En el alto de Otramina, ganando ya para el Cauca, no liar tus bártulos para ignotas regiones, no queremos ser gente de mísera tropa, cómo es sombría la ruta.
Boris: la vida importa lo que dura el instante, no viajes desaforado, turbulento, sin bridas, por los orbes, el caos, los transmundos inhollables.
Boris: pongo punto, que no final, mientras remembro andanzas, bienandanzas y malandanzas.
Boris: yo siempre escribo lo que siento, yo siempre siento lo que doy en pensar, y siempre pienso lo que doy en sentir, yo cuento siempre como siento.
Boris: todavía irrumpir, irrumpir otra vez, siempre izar, no amainar.