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¿Qué tal que gobernara Duque?

18 de diciembre de 2019 - 12:00 a. m.

La noticia política del año no aparece en la prensa: ¿por qué Uribe abandonó a Duque? ¿Por qué no gobierna Uribe?

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Se sabe que Iván Duque no tenía experiencia política. Nunca tuvo la ambición de ser presidente, como sí la tuvo Santos. Se sabe que Duque no estaba calificado para ser presidente. No tenía votos ni simpatía. Como dijo el año pasado después de elecciones el politólogo Gilberto Tobón Sanín: “¿O es que esos votos son de ese muchacho? Uribe fabricó al muchacho, lo fabricó como un muñeco de plastilina”.

La gente votó por el que dijo Uribe, en el entendido de que Duque sería el títere y Uribe el titiritero. Pero Uribe desapareció del escenario y dejó solo al títere, que no se puede mover porque nadie acciona las cuerdas.

¿Qué sucedió? No lo sabemos, pero es el acontecimiento político del momento. No hubo una traición. El caso no es ni lejanamente similar al de Santos, que teniendo únicamente la ambición y un solo voto (el de Tutina), se encaramó en hombros de Uribe y luego se independizó del patrón. Duque no ha cortado con Uribe, no se separó de él ni directa ni indirectamente. No lo digo porque esté bien o mal. Es una descripción. Sucedió lo impensable: Uribe cortó con Duque dejándolo solo.

No lo digo porque las cosas estarían mejor si gobernara Uribe por interpuesta persona. Es simplemente la comprobación de un giro asombroso. Los votos por Duque no eran propios sino de Uribe, y esos diez millones de electores esperaban un mandato de Uribe. Los medios de comunicación deberían explicar qué sucedió. No tiene lógica que Uribe ponga un presidente y luego no le dé órdenes. Repito, no es porque eche de menos a Uribe. Sino porque no se sabe por qué Uribe se alejó del poder y engañó a quienes votaron por él por interpuesta persona. ¿Se le extravió el control remoto? ¿Le diagnosticaron alguna enfermedad terminal en los consultorios de la Corte Suprema de Justicia?

Siete de cada diez personas se oponen a Duque. Pero, realmente, su único pecado fue el de prestarse a ser títere. Es obviamente una falta de seriedad y de carácter aceptar una candidatura presidencial en cuerpo ajeno. Si a usted, desocupado lector, lo llaman de una aerolínea para nombrarlo piloto, lógicamente no acepta. Es imperdonable que Duque, que solamente había supervisado un equipo de ocho personas, acepte dirigir a 44 millones. Se sabía desde el principio que no era competente ni capaz y que no tenía talante presidencial. Lo que ignoramos es el motivo que llevó al dueño de la finca a desaparecer dejándola en manos del viviente, que ni sabe ni puede decidir.

A Duque se le nota encartado con la Presidencia. Ni siquiera aparece la primera dama, que es uno de los síntomas de un nuevo gobierno. Las encuestas castigan a Duque, pero no se puede decir que la gente esté encarnizada contra él. Contra un buenazo o un bobazo (escoja a su gusto) es difícil encarnizarse. Gilberto Tobón Sanín lo dijo antes del 7 de agosto de 2018, para enfatizar que Duque no tenía mérito alguno y que los votos fueron todos de Uribe: “¿Qué tal que gobernara Duque?”. La experiencia impredecible la estamos padeciendo. La cuestión es otra: ¿por qué Uribe hizo mutis por el foro?

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