El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Cocaína

06 de diciembre de 2019 - 12:19 p. m.

El ministerio de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, acaba de anunciar ante el Congreso, como parte de victoria, que la meta de “erradicación forzada” de cultivos de coca propuesta para el 2019 ha sido superada, de 80 mil hectáreas planeadas a 81.2 mil logradas. La acción corresponde a la promesa que él, como canciller, le hizo al Gobierno norteamericano, cuando Trump frunció el seño y culpó a Colombia del aumento del consumo de cocaína en Estados Unidos, entre 2017 y 2018.

PUBLICIDAD

La erradicación forzada de los cultivos de coca en Colombia es una medida tan errática como perversa toda vez que expone a los campesinos a una incertidumbre vital, porque nadie les garantiza que podrán vender el nuevo producto que cultive, y mortal, porque tiene al acecho a los carteles mafiosos que le exigen que cultive coca para ellos. Mientras eso ocurre en el campo colombiano, la demanda de cocaína en el mudo es cada día mayor u el negocio cada vez más lucrativo.

Hagamos un paneo del mundo de la cocaína para mostrar la ineficacia de dicha medida:

Datos comparativos de la DEA, la ONU y la OMS, nos dicen que en el mundo pueden haber 16,8 millones de cocainómanos, que los países de mayor consumo en su orden son: Reino Unido, Australia, EE.UU., Países Bajos y España.

Las rutas del narcotráfico se han diversificado, ahora los carteles esquivan los retenes de la DEA haciendo envíos desde países no productores: Brasil, Venezuela, Mozambique. Cumplen transacciones en altamar, con transbordo a barcos pesqueros o cruceros comerciales. Actualmente en Philadelphia, Miami, New York y Washington, un gramo de coca en las calles cuesta entre 150 y 200 dólares.

La Interpol reportó el año pasado el posible ingreso de cinco toneladas diarias provenientes de Colombia. Para lavar el dinero ilícito son útiles los casinos, los conciertos de música masivos, las cadenas turísticas sobre todo las que programan eventos de lucha y de boxeo. Los carteles gringos han luchado, a bala, por mantenerse como los dueños del mercado interno, pero como el producto entra por tantos lados y de tantas maneras, ya hay en las calles expendedores foráneos, especialmente mexicanos, que en la última década cubren todos los frentes del mercado, producción, tráfico y comercialización; ya poseen cultivos propios en Perú, Ecuador y Colombia, también son compradores mayoristas de hoja y de pasta de coca.

Esta irrupción mexicana ha arreciado la guerra en las regiones colombianas, toda vez que se disputan, a sangre y fuego, con los carteles oriundos, las tierras, las rutas, los precios. Entre tanto, el Gobierno ataca el problema por el lado más frágil, el campesino cocalero, que termina amenazado por todos los bandos,: si deja de entregarle la hoja de coca a los capos corre peligro de muerte, si insiste con la resiembra lo ponen preso y lo expropian.

El dinero de la cocaína se siente en la economía de las regiones, llega a las tiendas, a las gasolineras, a los hospedajes. Corrompe los gobiernos locales, a la policía, al ejército. Lo más barato para que ande el negocio son los crímenes, el terror asegura el poder.

Con este somero repaso del mundo de la cocaína podemos entender que la erradicación forzada es menos que placebo, es una farsa onanista que a la postre va a incrementar la guerra. Aumentará la deforestación de selvas, el desplazamiento y asesinato de indígenas.

No ad for you

El país otra vez desangrándose por culpa de una guerra importada. Pese a la tragedia creciente no nos atrevemos a optar por el verdadero fin del infierno: La Legalización.

Conoce más
Ver todas las noticias