En las redes sociales se está llevando un apasionado debate sobre quién debería ser el próximo alcalde de Medellín. Me inmiscuyo en el debate, ofreciendo algunas ideas para el ‘identikit’ del alcalde ideal.
1) Un alcalde que apoye el proceso de paz. El éxito de los diálogos de La Habana representa un paso obligatorio para alcanzar la paz en Colombia y de su éxito depende también la seguridad de Medellín. Un alcalde que apueste por la seguridad de Medellín, pero se oponga al proceso de paz, no es un alcalde a la altura del momento histórico que vive el país, y por lo tanto, no es apto para liderar la ciudad, la cual jugará un papel fundamental en el posconflicto.
2) Un alcalde que promueva la cultura de la legalidad. En una ciudad como Medellín, cuyo destino ha sido condicionado por poderes mafiosos, promover la cultura de la legalidad significa romper con el área gris donde política, empresa, justicia y crimen organizado se dan la mano. Es reconocer que la raíz de la violencia que sacude a la ciudad se encuentra en estas alianzas perversas. El próximo alcalde de Medellín tiene que ser un alcalde que no haya mantenido, ni mantenga, conexiones con personajes y poderes mafiosos. De hecho, promover la cultura de la legalidad significa reconocer que los derechos de los ciudadanos no son favores distribuidos por el clientelismo o el crimen organizado. Por eso, Medellín necesita un alcalde libre del poder mafioso y clientelista.
3) Un alcalde que apoye los procesos juveniles y culturales. En la última década se han generado en Medellín procesos juveniles y artísticos formales e informales, que representan hoy una de las fuerzas de transformación mas genuinas y eficaces. El alcalde ideal de Medellín entiende realmente la importancia de estos procesos, procura fomentarlos y respaldarlos, defendiendo su autonomía, sin caer en la tentación de cooptarlos para fines electorales o de clientelismo. Apoyando a los jóvenes, dándoles espacios y oportunidades, es que se construyen comunidad y seguridad ciudadana.
Medellín necesita un alcalde que interprete el poder como un verbo y no como un sustantivo: poder transformar. Roberto Mazzarella, un querido amigo y escritor de Palermo en Italia, que falleció hace algunas semanas, solía decir: “la verdadera política es aquella que sabe indicar cuál es el proyecto para la ciudad. Si hace falta la política, hace falta el proyecto, y entonces hace falta el futuro”.
Quizás hoy uno de los sufrimientos de Medellín es la falta de verdadera política y proyecto. En el pasado, Compromiso Ciudadano logró darle un proyecto a la ciudad, interpretando la política como el poder de transformar. ¿Compromiso Ciudadano será capaz de escoger un candidato que pueda ser un gran alcalde, renunciando a la tentación de alianzas oportunistas, lo que no ocurrió con Aníbal Gaviria? ¿Lección aprendida? En las redes sociales hay nombres de personas capaces y competentes. Sin embargo, para un movimiento que ha sabido innovar y transformar, me habría gustado ver entre los posibles candidatos el nombre de una mujer.