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Esperando al Eln

13 de agosto de 2013 - 05:48 p. m.

De darse pronto la liberación del ciudadano canadiense habría una señal importante para los colombianos y para la comunidad internacional de que el Eln tiene voluntad de comenzar un proceso de paz y de hacer un aporte al fin del conflicto armado en Colombia.

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Ningún grupo se levanta en armas con malas intenciones. A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de entrevistarme en Colombia, así como en otras partes del mundo, con mafiosos, paramilitares, guerrilleros, pandilleros y narcotraficantes, y siempre me ha sorprendido cómo la intención que está detrás de una decisión y de una acción es positiva, ya que está motivada por la urgencia de satisfacer unas necesidades individuales o colectivas; esta es una verdad que compartimos todos los seres humanos. Así, proteger a una comunidad, dar voz a quien ha sido marginado, afirmar unos valores, promover unas ideas, son algunas de las razones que llevan a un grupo a organizarse, y algunas veces a armarse.

Entonces, no son las intenciones, sino las estrategias elegidas para cumplirlas las que son inadecuadas. El secuestro, las ejecuciones, los atentados, le quitan legitimidad a cualquier intención positiva y quien sigue matando y secuestrando en nombre de una idea o de una causa ya no tiene justificación.

Pero renunciar a la violencia no es renunciar a las intenciones positivas. El Eln surgió con la intención de liberar al país de la pobreza y las injusticias. La defensa de los más débiles y la promoción de la igualdad socioeconómica siguen siendo hoy temas de gran importancia. De hecho, Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales del continente.

El método y la dinámica de los diálogos con las Farc deberían darle suficiente confianza al Eln sobre las condiciones para un proceso de paz con el gobierno de Santos. Claro está, un proceso de paz no es el espacio en el cual realizar todas las trasformaciones deseadas para el país. No se logra en la mesa lo que no se ha logrado en medio siglo de revolución armada. Pero una agenda seria, bien construida, sobre la cual encontrar un acuerdo con el Gobierno, puede dar un aporte fundamental a la construcción de la paz y al fin del conflicto armado interno. Por ejemplo, el papel del Eln podría ser fundamental para generar un debate público y político necesario en Colombia sobre la gestión de los recursos naturales.

Una agenda de diálogo fuerte, independiente pero articulada con la de las conversaciones en La Habana, les daría relevancia a las instancias que salen desde las protestas sociales que animan hoy al país, fortalecería el protagonismo de los movimientos sociales no violentos, los cuales son un elemento fundamental en la construcción democrática de un país. Además, hoy en Colombia y en todo el mundo hay una nueva sensibilidad hacia los temas de la participación, de la solidaridad, de la inclusión, de la justicia social. No es una casualidad, por ejemplo, que hoy hay un papa que le da un nuevo énfasis a la opción para los pobres.

Por eso, un proceso de paz con el Eln no es un proceso menor, para una paz menor. Yo me atrevo a decir que sin el aporte del Eln no hay una verdadera opción de paz en Colombia. ¿El Eln será capaz de hacer su parte para la historia?

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