¿Ya tuvieron la oportunidad de leer la entrevista que el papa Francisco concedió a la revista Civiltà Cattolica? Vale la pena, porque invita a reflexionar, entre otra cosas, sobre la relación que hay entre liderazgo y humildad.
La entrevista del papa no sólo cautivó mi atención porque contextualiza gestos que han sorprendido a todo el mundo, como su decisión de no vivir en el apartamento pontificio del Palacio Apostólico o la renuncia a carros lujosos. Tampoco me pareció interesante solamente por la postura incluyente que el papa Francisco manifiesta hacia los divorciados y los homosexuales, llegando a afirmar que la Iglesia ha estado obsesionada con los temas del aborto y del matrimonio homosexual. Lo que más llamó mi atención es la humildad que emana de los gestos y las palabras del papa Francisco, quien sin titubeo se define como un pecador (“no se trata de un modo de hablar o de un género literario. Soy un pecador”) y reconoce que fue autoritario cuando fue provincial de los jesuitas (“Y eso no ha sido bueno”). Es también por esta actitud humilde que el liderazgo del papa está generando entusiasmos en todo el mundo.
Lo que este papa está haciendo es rayar el disco, o sea, está sacando a la Iglesia católica de sus discursos estancados, rompiendo con sus patrones negativos que finalmente la alejaron de sus ejes centrales, que son el amor y la misericordia. En otras palabras, el papa Francisco nos está demostrando que la humildad, el diálogo y la sencillez son elementos de un liderazgo positivo y eficaz. “Qué ejemplo estimulante de humildad en un mundo con muy poco de eso”, comentó Frank Bruni en su columna dominical en el New York Times.
Si quieren ser exitosos y efectivos, sugiero a los líderes en Colombia que reflexionen sobre el ejemplo que el papa está dando. Se lo sugiero, por ejemplo, al presidente Uribe y a sus acólitos, para que dejen de inyectar odios y rencores en el tejido de la política. Se lo sugiero al presidente Santos, para que finalmente deje de vacilar, siendo un día el traidor de su propia clase y al otro día su mejor personificación. Se lo sugiero a los hijos del presidente y del expresidente, Martín y Jerónimo, para que dejen de insultarse por Twitter, perpetuando así los odios de la generación de sus padres. Se lo sugiero a los negociadores de las Farc, para que en La Habana dejen al lado tácticas mezquinas y una retórica tóxica. En fin, se lo sugiero a todos los cacasenno (como llamamos en Italia a los sabelotodos), que, como en el caso del procurador, se creen dioses, intérpretes fieles de verdades universales y eternas, y están cerrados al diálogo y al encuentro con el otro.
Para replantear el destino de Colombia, hay que rayar el disco. Hay que romper patrones, creando nuevas actitudes, lenguajes, comportamientos y liderazgos. El entusiasmo y el seguimiento que está generando este papa, y, por otro lado, la apatía que los colombianos han manifestado por sus líderes en las recientes encuestas, sugieren que la multitud ya cambió de canal. Los que se quedaron atrás son los líderes políticos. Porque el futuro es de los que tienen la valentía de rayar el disco.