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Justicia para Israel Hernández

02 de enero de 2014 - 06:00 p. m.

¿Qué pasaría si Israel Hernández en lugar de ser un joven artista colombiano asesinado por un policía en Miami Beach hubiera sido un estadounidense asesinado por un policía en Colombia? Es fácil imaginar que Estados Unidos pediría justicia al gobierno colombiano y hasta la extradición del policía. Pero el caso de Israel Hernández se está quedando en la impunidad.

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En la madrugada del pasado 6 de agosto, en compañía de amigos, Israel, un reconocido grafitero, estaba rayando el muro abandonado de un McDonalds en Miami Beach. Fue sorprendido por una patrulla de la policía y, como si fuera un criminal peligroso, lo sometieron con fuerza bruta. El agente Jorge Mercado, con una pistola táser le disparó en el pecho un shock eléctrico a Israel, acabando con su vida. Cuentan unos testigos que cuando el joven colombiano cayó inmóvil, los policías se congratularon satisfechos, como hacen los deportistas después de marcar un gol. Israel tenía solamente 18 años. Lo movían el amor por el arte y la sensibilidad por la belleza.

Queda mucho por aclarar en la muerte de Israel. Hay preguntas que hasta hoy quedan sin respuesta. ¿Por qué la policía utilizó tanta fuerza para someter a un joven desarmado y de contextura liviana? ¿Cuando el agente disparó el táser, Israel ya estaba sometido como declararon unos testigos? ¿Por qué las autoridades notificaron a la familia la muerte de Israel solamente 12 horas después de los hechos? Al día de hoy la investigación queda en la oscuridad y a cinco meses de los hechos ni se conoce el informe de la autopsia.

Unos días antes de la Navidad conocí en Miami al papá de Israel y compartimos juntos un día. Fue para mí una manera de conocer a Israel, escuchando los recuerdos del papá, visitando los grafitis que varios artistas le dedicaron en Miami, mirando los cuadros de Israel colgados en la sala de la casa Hernández y que revelan las cualidades de un artista poco común, de un joven dotado de una gran humanidad y sensibilidad por la belleza.

Frente a la sencilla tumba de Israel, que la mamá, amorosamente, adornó con flores de color naranja, pude intuir la profundidad de un dolor absurdo y extremo que una familia vive por la muerte violenta de un hijo, el cual sólo pedía a la vida y a la sociedad que lo dejaran ser un artista.

Pensé también en Diego Felipe Becerra, el grafitero de Bogotá al cual igualmente un policía privó de la vida.

El presidente Santos suele repetir con orgullo que Colombia es un socio igualitario de Estados Unidos. A menos que no se crea que un joven grafitero por rayar un muro abandonado merece la muerte, el gobierno colombiano tiene que presionar a Washington hasta que haya verdad y justicia para Israel Hernández. Además, un fiscal colombiano debería abrir una investigación de los hechos que determinaron la muerte de un ciudadano colombiano.

El caso es demasiado grave y llamativo para que sea gestionado solamente por un funcionario del consulado de Miami, por muy diligente y comprometido que éste sea. Así actúan los Estados Unidos cuando la víctima es uno de sus ciudadanos.

 

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