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La “eficaz” resistencia civil de Uribe

17 de mayo de 2016 - 03:58 p. m.

El expresidente Uribe hizo un eficaz llamado a la resistencia civil en contra del acuerdo de paz.

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No sorprende la forma efectiva de comunicar del hoy senador, sino la resonancia que su mensaje tiene en una gran parte del país.

Y esto tiene que hacernos reflexionar. Evocando la retórica de la resistencia civil, Uribe es eficaz no solo porque, paradójicamente, pide prestado un lenguaje que pertenece a los movimientos no-violentos de Gandhi y Luther King, sino porque como ninguna otra persona logra conectarse con la tensión y ansia social que siente una gran parte de los colombianos hacia la idea de la paz con las Farc.

En este sentido, Álvaro Uribe no es menos hábil que Donald Trump quien, contra las expectativas de los expertos, logró ser el probable candidato del Partido Republicano para la Casa Blanca. El éxito de Trump se explica solo en parte por el hecho de ser una celebridad. Su triunfo se debe sobre todo a haber sabido interceptar la profunda frustración y rabia de muchos en Estados Unidos.

Lastimosamente, hábiles líderes políticos como Uribe y Trump responden a estas ansias sociales proponiendo una narrativa y una ideología que, en lugar de resolverlas, las alimenta para beneficiar ambiciones personales (en el caso de Trump) e intereses particulares (en el caso de Uribe); intereses que han favorecido en Colombia a la guerra como medio político (algo que Gandhi y Luther King, vale la pena resaltar, rechazaron).

Pero la oposición al acuerdo de paz de Uribe no es el problema en sí mismo. Al fin y al cabo, su papel hoy es el de un líder de oposición. Más bien, el problema sigue siendo la incapacidad del presidente Santos y de su Gobierno de proponer una narrativa alrededor del proceso de paz que reconozca y responda de manera eficaz al escepticismo generalizado que existe hacia los diálogos en Cuba. Por haber concebido el proceso de paz meramente como un ejercicio pragmático para la resolución de un problema, al Gobierno le hizo falta articular una visión.

De hecho, alrededor de la paz se ha perpetuado un lenguaje negativo en lugar de un vocabulario transformador. A la palabra paz se le ha asociado la noción de “fin del conflicto”, que no sugiere nada sobre lo que viene después del fin. También se asocian a la noción de paz expresiones como “el costo de la paz”, o se habla de la necesidad de “tragarse el sapo”. Son todas expresiones que seguramente no inspiran y que no presentan la paz como una experiencia deseada. La misma expresión “posconflicto” termina refiriéndose y haciendo énfasis en la ya conocida realidad del conflicto y no en un futuro alternativo, nuevo, transformador.

La solución no está simplemente en buscar una mejor manera de comunicar, como si fuera un tema técnico. Lo que hace falta es una visión articulada en una narrativa y que responda a las exigencias y a las tensiones que existen hoy alrededor de la paz. En concreto, ¿cuál es la paz que Colombia quiere? Es una pregunta que queda por explorar y articular. 

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