¿Estados Unidos permitirá la repatriación del jefe de las Farc Simón Trinidad? Si para unos la pregunta es sencilla y hasta retórica, la respuesta en realidad es mucho más compleja que una simple expresión positiva o negativa.
Hay que recordar que aun si los jurados no condenaron al líder guerrillero por el delito de narcotráfico, por el cual fue extraditado, Simón Trinidad está cumpliendo una pena definitiva de 60 años por conspiración en el secuestro y el maltrato de tres ciudadanos estadounidenses, un delito muy grave.
Durante estos últimos años he tenido la oportunidad de plantear la cuestión de Simón Trinidad a funcionarios del Gobierno americano y, la verdad, nunca he encontrado entusiasmo u optimismo frente a la posibilidad de su repatriación. De hecho, frente a una condena definitiva por un delito grave, es difícil para los Estados Unidos concebir cualquier favorabilidad jurídica. Una eventual repatriación no es un simple acto burocrático que Washington puede cumplir con el trazo de una pluma.
Siendo ese el caso, el tema de Simón Trinidad pone a prueba las habilidades de persuasión del gobierno de Santos (al igual que la capacidad de negociación de las Farc). La repatriación de Trinidad no puede ser considerada solo desde el punto de vista del interés del proceso de paz: hay que analizarla también desde el interés nacional de los Estados Unidos.
Además, seguramente hay temas ligados al acuerdo de paz que pueden preocupar a Washington, como, por ejemplo, la erradicación manual de cultivos de droga y la extradición de líderes de las Farc por narcotráfico. Hay que comprender el interés nacional de los Estados Unidos para que una solución al caso de Trinidad pueda eventualmente ser negociada.
En otras palabras, Colombia tendrá que presentar un caso realmente convincente. ¿Lo logrará? Lo dudo, si la actitud es la demostrada la semana pasada en las declaraciones del presidente Santos y del asesor Shlomo Ben-Ami, y que dieron la impresión de querer presionar públicamente a Washington sobre el tema de la extradición.
De hecho, esto provocó que el senador republicano Marco Rubio, un miembro de la comisión para las relaciones exteriores, enviara una carta al presidente Obama pidiendo formalmente no repatriar a Simón Trinidad. Esta es solo una señal de cómo el tema de su repatriación podría cargarse de significados políticos en los meses previos a las primarias presidenciales; si Simón Trinidad se convierte en una pelota caliente que republicanos y demócratas se pasan dentro de las lógicas de su juego político, eso solo complicaría aún mas cualquier solución.
Es una señal de atención importante el hecho de que el presidente Obama haya nombrado un enviado especial para el proceso de paz en Colombia. Es la oportunidad para los negociadores colombianos de entender y tener en cuenta los intereses nacionales de los Estados Unidos, y así lograr pasos en Washington, que van a favorecer los acuerdos de paz en Cuba.