Durante unos momentos, al escuchar que el No había triunfado, a Sebastián Arismendi se le apagó la sonrisa, aquella sonrisa sincera que nos mostró en Cartagena, cuando el presidente Santos y Timochenko firmaron el acuerdo de paz.
“Tengo una sonrisa que me sale del corazón”, dijo emocionado aquel día Sebastián a los micrófonos de RCN. “Yo vi Colombia vestida de blanco. Yo siento a mi papá en el cielo que me dijo, «Eso era lo que yo siempre quería, mi hijo»”.
Sebastián es el hijo de Héctor Fabio Arismendi, uno de los once diputados del Valle del Cauca secuestrados y asesinados por las Farc. Sebastián tenía solamente cuatro años cuando las Farc se llevaron a su papá y tenía solamente nueve cuando quedó huérfano.
El pasado abril, Sebastián, quien hoy tiene 19 años, tuvo la oportunidad de expresar francamente a los jefes de las Farc lo que padeció con la muerte de su papá. “Ese día rompí todos los cuadros de mi casa, pero además juré ante Dios matarlos a todos ustedes”, confesó abiertamente a Pablo Catatumbo e Iván Márquez. Igualmente, al salir de la reunión con las Farc, Sebastián destacó: “Hoy conocí la justicia, una justicia que no conocí en los libros. Para mí esta es justicia, que ustedes hubieran podido escuchar mi dolor, que yo hubiera tenido esta posibilidad de contarles todo lo que he sufrido. De nada me hubiera servido verlos en la cárcel 50 años”.
Por eso, para víctimas como Sebastián, el triunfo del No fue un baldado de agua fría.
“Cuando escuché la noticia, la verdad quedé impactado”, me dijo Sebastián hace unos días por Whatsapp. Al mismo tiempo, en este resultado paradójico reconoció también una oportunidad. “La oportunidad para escucharnos y para que los que votaron por el No no sean mañana un obstáculo para la implementación de los acuerdos”.
De todas maneras, estos últimos días no fueron fáciles. “Me quedé un poco pensativo. Tuve sentimientos de incertidumbre. Pero hoy prevalecen la esperanza y el optimismo. Asistí a la marcha aquí en Bogotá con mucha felicidad. Mientras los jóvenes crean, aún hay esperanza”, dice Sebastián con convicción.
El Premio Nobel de Paz al presidente Santos, así como la voluntad de las Farc de mantenerse en el cese bilateral del fuego, han alimentado la esperanza de este joven. “Es extraño ver que las Farc en este momento tengan mucha más voluntad de paz que muchos sectores de la población colombiana,” observa.
Pero la esperanza es que se pueda pasar de la emoción a la razón, construyendo juntos un país distinto. “A los que lideraron el No, yo les pido que piensen en Colombia. Dejen de pensar en sus egos, es sus metas e intereses. Piensen en lo más importante, que es Colombia”. Por eso Sebastián los invita a dialogar lo más pronto posible. “Hoy sigo teniendo la misma esperanza que tuvo mi papá: construir un país mucho mejor. Un país en el cual nos sentamos mucho más orgullosos, en el cual nos sintamos felices y tranquilos de vivir. Yo creo que vamos a poder”. Y es por eso que Sebastián sigue sonriendo.