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Lo que necesita la lucha contra el terrorismo

17 de noviembre de 2015 - 09:00 p. m.

En los días que siguieron a los atroces ataques en París nos tocó escuchar muchos disparates por parte de políticos y comentaristas.

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Empezando por los Estados Unidos, donde el candidato republicano Donald Trump sugirió que si los civiles franceses hubieran llevado armas, el resultado de los ataques hubiera sido otro. El expresidente del Congreso Newt Gingrich remató en las redes sociales escribiendo que vivimos en una época en que los buenos tienen que matar a los malos.

Las cosas no fueron mejores en Colombia, donde, por ejemplo, la congresista María Fernanda Cabal, con escasa sutileza sociológica o histórica, comparó a ISIS con las Farc, mostrando, además, falta de compasión hacia las víctimas en Francia. Da tristeza.

Frente a grandes tragedias la mente (especialmente la occidental) intenta encontrar una explicación y busca identificar una solución. Es el deseo de encontrar un “por qué” que permita reaccionar y resolver.

Quizás una mejor alternativa sería vivir y sentir en su totalidad la desorientación que uno experimenta frente a estos eventos y aceptar la crisis. Hay que encontrar la calma para comprender, en lugar de promover el afán por resolver. Porque más que reaccionar hay que actuar, y para que sea una actuación hacia el bien, hay que tener calma, un cierto desapego y la capacidad de ver las cosas en su conjunto.

A lo mejor, viviendo así esta crisis lograríamos hacernos preguntas de una manera que nos ayude a trascender y a transformar esta realidad. Quizás esta sea una oportunidad para que la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia reconsideren las relaciones entre ellos y sus prioridades geoestratégicas en el Medio Oriente.

A lo mejor se llegue a reconsiderar la relación con Arabia Saudita, que a lo largo de los años ha promovido y financiado el movimiento fundamentalista salafista, desde donde llegan los yihadistas de ISIS y otros grupos armados extremistas. Tal vez, tragedia tras tragedia, se logre comprender políticamente que el interés general es más fuerte y prioritario que el mero interés nacional.

A lo mejor se llegue a reconsiderar el apoyo económico y militar que Occidente, en nombre de la estabilidad regional, de forma acrítica ha dado a regímenes corruptos y totalitarios que han reprimido a sus propios pueblos. Quizá se encuentre el coraje para enfrentar las contradicciones presentes dentro de las doctrinas religiosas (no solamente las islámicas) y reconocer que cada vez que en nombre de Dios se excluye y se oprime al otro, se perpetúa una herejía y un acto de violencia.

A lo mejor, si hacemos una pausa y reflexionamos, encontraremos el coraje para dar espacio y liderazgo a las mujeres (porque causa impresión cuan masculina es toda esta violencia física y estructural).

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A lo mejor encontraremos un camino para construir una sociedad libre, igualitaria y hermana. A lo mejor, quizá.

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