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Renunciar a la violencia

05 de junio de 2012 - 06:40 p. m.

«El IRA tuvo que abandonar la violencia porque quería paz». El padre Alec Reid, el cura que desempeñó un papel clave para la paz en Irlanda del Norte, hoy es un hombre viejo, pero la fortaleza de su espíritu permanece inquebrantable.

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Desde la enfermería de los Redentoristas en Dublín, donde vive hoy en día, el cura envía a las Farc y al Eln el mismo mensaje que tenía para el Ira: si quieren paz, renuncien a la violencia.

El padre Alec Reid tiene a Colombia en su corazón. En 2006 tuve el privilegio de acompañarlo a Medellín para un taller en Casa de Paz durante las negociaciones con el Eln. El padre Alec encendió su pipa, la puso entre sus labios, echó unas bocanadas y escuchó atentamente a Francisco Galán y Juan Carlos Cuéllar, integrantes en ese entonces del equipo de negociación del Eln.

Como alguien que había llevado a cabo un papel discreto e importante en convencer al Ira y el Sinn Fein a una transición de la violencia a la política, el padre Alec pronunció en Casa de Paz palabras claras. Había observado “con consternación” las malas condiciones de vida de muchas familias que viven en la periferia de Medellín. “Hay un océano de pobreza que nos rodea”, comentó refiriéndose a Colombia, y agregó que profundos niveles de desigualdad crean inestabilidad y “una sociedad de los extremos”.

Pero el padre Alec también fue enfático en destacar que “no se puede resolver nada con las armas. Sólo hace la situación peor”. Fijando su mirada sobre Galán y Cuéllar, el padre Alec exclamó: “¡Dejen las armas! ¡Operen a través del diálogo!”. Estaba hablando desde el corazón sobre la lección que había aprendido su propia gente en Irlanda del Norte.

Frente a mi tentativo de contarle lo que vive Colombia hoy, las frustraciones y las esperanzas de una paz que al mismo tiempo parece más cerca y aún tan lejana, el padre Alec volvió a la idea de renunciar a la violencia. “No puede haber violencia si va a haber un proceso de paz. Hay que detener la violencia para iniciar el diálogo”, repitió con decisión.

En años más recientes, el padre Alec Reid trabajó en el País Vasco, contribuyendo al cese al fuego unilateral de la Eta. Reconoció entre sus líderes, como ya le había pasado al Ira, que muchos ya “querían parar. Muchos deseaban una manera pacífica de lograr sus objetivos”. Y con empatía agregó: “Si pudieras entender qué es ser un miembro de estos grupos, podrías entender por qué. Nunca ves a tus hijos, a tu esposa. Siempre huyendo y con el miedo de ser asesinado. Eta y el Ira estaban luchando por una causa justa. Sin embargo, su manera de hacerlo fue inmoral e ineficaz”.

A las Farc y al Eln, el padre Alec hoy repetiría lo que dijo a los dirigentes del Ira y Sinn Fein: que nadie hablaría con ellos “si siguen activos”. Que tenían que parar la violencia para tener influencia. Que “no habría forma de que pudieran ganar”, y que los esfuerzos deberían ser enfocados hacia “una estrategia alternativa pacífica y creíble”.

Para lograr la paz en Colombia se necesita visión. Pasó el tiempo de las armas. Hoy es momento de reconciliación. El sacrificio que ayer las guerrillas invirtieron en la lucha armada, hay que invertirlo hoy en la construcción pacífica de una democracia profunda.
 

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