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El mundial iconoclasta

09 de julio de 2010 - 10:18 p. m.

CUANDO EL LECTOR TENGA EN SUS manos esta columna muy probablemente no ha empezado el partido entre Uruguay y Alemania.

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Y es bien difícil hacer pronósticos, porque ambos equipos vienen de sendas derrotas, pero mientras para Uruguay el llegar a esta semifinal es un gigantesco avance (no hay que olvidar que clasificó gracias a una repesca en la que derrotó a Costa Rica, lo que, dadas las historias y trayectorias de los dos países, no es una proeza), para Alemania se trata de salvar la cara luego de un aparatoso quiebre de las expectativas de ser la campeona del mundo.

 si es difícil hacer pronósticos (por ejemplo, quién ganará entre Holanda y España), por lo menos se puede sobreabundar en reflexiones y comentarios sobre lo que ha pasado hasta ahora. Para empezar, ha sido un mundial iconoclasta: los ídolos mediáticos como Kaká, Messi, Cristiano Ronaldo, Rooney, Ribery, abandonaron el sitial de iconos mundiales y salieron para sus países antes de lo que se pronosticaba. Y surgieron figuras de peso medio como Xavi Hernández, Iniesta, Piqué, Mueller, Robben, Sneijder y otros nombres impronunciables de alemanes, Eslovacos, Ghaneses, Paraguayos, que mostraron que no basta con ser famosos ni estrellas: hay que demostrar por qué son mucho mejores jugadores que los reyes de la publicidad.

Y ¿qué tal Brasil? La fama, la historia, los apodos y argumentos de que son los jugadores del país “mais grande do mundo” no fueron suficiente acicate para enfrentar sus responsabilidades históricas. Con un gol en contra se desbarataron, y dejaron al sargento Dunga viendo un chispero: sus estrellas se apagaron y mostraron que el fútbol  no es un ejercicio militar.

¿Y Argentina? Con todo el aparato de medios de difusión a su favor, mostraron que Paraguay tiene más que mostrar. Yo suelo comentar con algunos amigos argentinos que ese país es muy raro: en cada actividad del mundo, sea en la ciencia, el arte o cualquier otra, entre los diez mejores siempre hay un argentino: no podemos desconocer que son unos berracos. Sin embargo, tienen cosas que sorprenden: apenas ahora, por ejemplo, están aprendiendo a exportar vinos, siendo que son grandes productores de excelentes calidades. Pero han sido mejores en la exportación de futbolistas, así muchos de los que nos llegan estén mal de los meniscos, o sean buenos parrilleros. Y lo más raro: no han aprendido a elegir presidentes. Me ahorro la lista, pero basta recordar a Menem,  a Isabelita o a Cristinita. Es la tragedia del tango.

En cambio, qué gusto ver jugar a España. A pesar de que llegó al torneo entre las favoritas, mostró que sin rutilantes estrellas se puede jugar bien, y que el fútbol es  tanto un espectáculo como un juego, o sea que los espectadores deben disfrutarlo, no sufrirlo, y los jugadores deben mostrar que se divierten, y que no son simples máquinas que responden a un director técnico interesado en sus futuros contratos, o que los jugadores son más que bellos figurines rodeados de bellas modelos. Sólo basta hacer un contraste con los italianos. Alguna mala lengua sostiene que pasaban más tiempo en los salones de belleza que en los campos de entrenamiento, y por eso les fue como les fue.

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