El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La guerra a las drogas y Antanas

15 de mayo de 2010 - 01:07 a. m.

LOS RECIENTES EVENTOS RELACIOnados con la política antidroga del gobierno de Obama, que fueron anticipados por el general Naranjo, marcan un pálido cambio en la situación.

PUBLICIDAD

Aunque es positivo el nuevo énfasis estadounidense en el consumidor, que deberá ser tratado como tal, y no como un delincuente, la interpretación colombiana de que el esfuerzo se dirigirá contra el jíbaro es un cambio mucho menos positivo. El jíbaro es, al fin y al cabo, uno de los eslabones más débiles de la cadena delictiva, y si bien hay organizaciones de jíbaros de varios niveles, éstos son fácilmente reemplazables, de modo que la captura de algunos no le hace mucha mella al negocio.

Más positiva es la decisión de la Policía de dedicarse a eliminar las rutas. Allí sí radica un fuerte eslabón de la cadena: los dueños o manejadores de rutas son jefes o mandos medios del narcotráfico y su captura o neutralización le hace más daño al negocio. Muchos de ellos son, además, cabezas de las bandas paramilitares que asesinan, desplazan campesinos, acaparan tierras y se burlan de la justicia.

Todo lo anterior es lógico dentro de las miradas y deberes de la Policía, la cual llegará hasta la entrega de los narcos a la justicia, y de allí en adelante vendrá el viacrucis. De una parte, la Corte insistirá en la no extradición mientras no se confiesen los delitos, se repare a las víctimas y se entreguen las propiedades. Es decir, se defenderá a las víctimas y se buscará reivindicar a la justicia colombiana.

Y entonces vendrán de nuevo rabiosos ataques del presidente Uribe, para quien el narcotráfico es más importante que las masacres y asesinatos: ha llegado a pedir que el narcotráfico sea delito de lesa humanidad y para eso no ha vacilado en repetir que fueron los narcos los incitadores del holocausto del Palacio de Justicia. Y eso lo dice sin aportar una sola prueba. Que quede en el aire la acusación, a lo que al fin y al cabo nos tiene acostumbrados. Para darle curso a su cruzada prohibicionista no tiene inconveniente en lanzar infundios. Parece que el Presidente padece una fuerte adicción al prohibicionismo.

* * *

Hubo en estos días una declaración de Antanas Mockus que incita a que no se vote por él en las primarias: su acusación al Polo, y a Petro, de supuestas simpatías con la insurgencia armada o al menos con la violencia. Una cosa es que el candidato se equivoque y rectifique: eso inclusive le hace ganar simpatías. Pero esto tiene un límite, que no se puede cruzar gratuitamente: el mal que él mismo se ha hecho con esa declaración es muy grande, y no es claro que pueda simplemente rectificar. Uno se pregunta qué pueden pensar los militantes del Polo de quienes jamás se puede pensar que tengan simpatías por la guerrilla. Qué pueden pensar quienes han creído que un gobierno de Antanas puede abrir las puertas para un debate más civilizado sobre el conflicto colombiano, sin anatemas ni acusaciones infundadas. No me imagino qué pueden estar pensando personas como Carlos Vicente de Roux o Daniel García. La reacción de Petro es más que justificada. La moraleja de este desafortunado asunto parece ser que Antanas gana más mientras menos habla.

 

Conoce más
Ver todas las noticias