El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Colombia en el Consejo de Seguridad?

25 de julio de 2010 - 10:00 p. m.

DESDE HACE VARIOS AÑOS EN COlombia tiende a creerse que no es necesario tener una política exterior.

PUBLICIDAD

Que basta con que ésta replique la política interna. Es decir, que persiga los mismos objetivos y utilice los mismos métodos, los de la seguridad democrática y los de la polarización en torno al tema de las Farc.

Según esa lógica, la política exterior no debe responder a las complejidades de la realidad internacional, sino imponer “dignamente” los ideales internos. Es una lógica idealista, que se niega a aceptar los hechos tozudos del mundo internacional y a manejarlos con pragmatismo. Que reemplaza el arma más letal de la diplomacia desde tiempos de Metternich —la prudencia estratégica— por la candorosa retórica pública y descarnada a través de funcionarios distintos al Canciller.

No sólo no hay sustituto para una verdadera política exterior, sino que para países como Colombia, altamente afectados por fenómenos internacionales, es peligroso no tenerla. Dos ejemplos lo ilustran. El primero y más evidente es el fracaso rotundo de haber buscado imponerle por micrófono la seguridad democrática a un régimen ideológicamente opuesto como el venezolano. Luego de varios años de intentarlo con sofisticación de artillero, los resultados están a la vista: seis mil millones de dólares en exportaciones perdidos, una situación de seguridad mucho peor a la que encontró el gobierno Uribe y un espectáculo internacional que presenta a Colombia como un país alineado al extremo en una era de gran desprestigio del alineamiento.

Hay otro ejemplo elocuente sobre lo costoso de no tener una política exterior que acomode las diferentes prioridades estratégicas del país: Colombia presentó, calladamente, candidatura para ser miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el fin de elevar su influencia a los grandes temas de la seguridad internacional. Pero los miembros no permanentes acceden al Consejo en representación de su región, para lo cual dependen del apoyo unánime del subcontinente, en este caso el Grulac —Grupo Latinoamericano y del Caribe—. Un país que como Colombia ha privilegiado el alineamiento a ultranza con Estados Unidos sobre las buenas relaciones con su región, no ha logrado el endoso a su aspiración por la oposición de Venezuela. Es obvio que Venezuela no quiere apoyar a un país que teme llegaría al Consejo de Seguridad a perseguirlo.

Algunos dirán que no importa, que si el Grulac no endosa a Colombia es posible recurrir a la votación abierta, en la que con la ayuda norteamericana y europea nuestro país podría arrasar la oposición de Venezuela. Falso. Venezuela logró detener la aspiración de Guatemala hace unos años, forzando más de cuarenta votaciones y enfrentando a los países desarrollados con el apoyo cerrado de África y los países caribeños. Otros dirán que no importa, que en realidad Colombia no obtiene mayor beneficio de estar en el Consejo de Seguridad. Tampoco. Actualmente el Consejo estudia un tema muy delicado: la participación de menores en conflictos armados, que podría terminar en que las Naciones Unidas tengan diálogo directo con los grupos armados ilegales, algo que el Secretario General reclama como necesario y que Colombia ha rechazado vehementemente.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias