El Reino Unido está paralizado por el intento fallido del gobierno para reformar un acuerdo. Colombia también. El impresionante paralelo entre el brexit y el No continúa tres años después.
La primera ministra May ha presentado al Parlamento reformas a un acuerdo para cumplir el resultado de un referendo: el brexit. El presidente Duque también, el No. Theresa May no ha logrado aprobar esas reformas porque carece de mayorías legislativas. Iván Duque tampoco. Ese bloqueo genera zozobra y paralizó la agenda legislativa y la economía.
La pregunta es por qué, a pesar del elocuente espejo del brexit, el Gobierno insiste en el mismo camino que llevó a Theresa May a renunciar. La explicación puede estar en las encuestas. Estas muestran que el Gobierno y el uribismo solo tienen una base política de un tercio del país, la misma proporción que en el Congreso. No habiendo construido banderas de gobierno, el uribismo debe devolverse a las de cuando era oposición, a los temas del No en el plebiscito, sacadas del manual populista de las ideas magnéticas para generar división y tribalismo identificando un enemigo. Especialmente porque está a menos de cinco meses de unas elecciones locales, para lo cual ha acaparado todo el botín burocrático y de inversión del Estado, y en las que necesita desesperadamente un buen resultado para convertirse en un verdadero partido político.
Barack Obama decía que si divides para ganar, no podrás unir para gobernar. Parecería que el presidente Duque ha llegado a la conclusión de que no podrá gobernar uniendo en torno al pacto político que ofreció en su posesión. Puede estar sucediéndole lo que al radical primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que luego de declarar su “gran victoria” no pudo formar gobierno por falta de mayorías en el Congreso y ha tenido que llamar a nuevas elecciones. Aunque, por el sistema presidencialista colombiano, Duque puede mantenerse siendo un Gobierno minoritario.
Regresar al No parece ser una decisión política y electoral calculada y orquestada. El expresidente Uribe dijo el viernes pasado en Twitter: “atentos a apoyar proyectos del Gbno para reformar acuerdos de La Habana”. La diferencia con el gobierno May y el brexit —y la prueba de que en Colombia la insistencia en el No es un suicidio realmente “voluntario”— es que reformar los acuerdos no es una obligación del Gobierno, porque los acuerdos de La Habana a que alude el expresidente Uribe ya fueron reformados. Los acuerdos aprobados por el Congreso son los del Acuerdo del Teatro Colón, que recogieron casi todas las objeciones del No. Es decir, a diferencia del Reino Unido, Colombia ya logró un “soft brexit”, el que todo el mundo considera mejor para los británicos, pero el uribismo insiste, como el ala populista del Partido Conservador inglés de Farage y Johnson, en un “hard brexit”, el que todo el mundo considera peor para los británicos.
El brexit tiene al país paralizado, al gobierno renunciando, pero el populista que lo promovió, Nigel Farage, acaba de arrasar en las elecciones al Parlamento Europeo. Y el otro populista de la línea dura, Boris Johnson, pretende suceder a la primera ministra de su partido que lleva años saboteando. ¿La estrategia de agitar el No buscará ese resultado en las elecciones de octubre?