EL AHORA EX MINISTRO ARIAS SE lanza a la Presidencia con la certeza de que la próxima campaña electoral se reducirá a la búsqueda de quién pueda representar mejor la segunda generación de la Seguridad Democrática.
Olvida que las aguas mansas de la política de los últimos años están siendo reemplazadas por grandes olas, que pueden hacer que la campaña presidencial también tenga que girar en torno a cómo recomponer la democracia colombiana, luego de los fuertes desequilibrios introducidos por Álvaro Uribe.
La búsqueda sin tregua de la seguridad en que el Presidente lideró a la sociedad colombiana, terminó implicando cambios extremos que no han sido reconocidos ni valorados. Cambios profundos no sólo en materia militar, sino también en lo institucional, lo fiscal, lo político, en lo internacional, en lo social, es decir, en casi todos los aspectos de la vida nacional. Cambios cuyos efectos y resultados son mucho menos favorables que los de la seguridad.
Además de ceder casi todos los controles democráticos en aras de mayor autoridad, en los últimos años los colombianos también sufrieron una política económica regresiva, y tuvieron que soportar la criminalización masiva de la política, entre muchos otros costos.
La mayoría de los colombianos considera que esos costos valieron la pena. Sin embargo, las mayorías que no han sido conscientes de la profundidad de los desequilibrios que ha introducido el gobierno Uribe, pronto empezarán a hacer conciencia de ello. Porque las condiciones políticas extremistas que impulsaron esos cambios —Bush y el pánico antiterrorista—, y las condiciones económicas extremas que atenuaron sus efectos —el boom económico internacional— desaparecieron, y sus efectos están empezando a tocar costas colombianas.
Por más consenso social que exista sobre la necesidad de privilegiar una sola política, llega un punto en la vida de un país en que es necesario que la política fiscal también atienda los dolores del desempleo y las instituciones también funcionen para controlar la criminalización de la política, y las relaciones exteriores también protejan las exportaciones.
Es posible que por la popularidad del Presidente no vaya a cuestionarse si tantos desequilibrios eran realmente necesarios para conseguir la seguridad. Pero es inevitable que los colombianos empiecen a preguntarse cuáles de esos desequilibrios hay que mantener en el futuro. Cuáles son realmente necesarios para mantener alta la guardia en materia de seguridad, y cuáles no solamente implican sacrificios y riesgos demasiado grandes, sino que le hacen daño a la propia seguridad, como la pérdida de legitimidad de las instituciones.
La solidez de una democracia está en su capacidad de recuperar el equilibrio antes de que excesos coyunturales, terminen produciendo males peores a los que pretendieron remediar. El proceso que vive Estados Unidos con Barack Obama es una corrección ejemplar a los excesos ideológicos, institucionales, militares y económicos del período Bush, muchos de los cuales el presidente Uribe imitó con entusiasmo.
*Analista político, investigador en opinión pública.