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El período de transición (II)

26 de diciembre de 2010 - 09:57 p. m.

EN EL PROCESO DE TRANSICIÓN HAcia su propio modelo político, denominado prosperidad democrática, el Gobierno ha avanzado rápidamente en rectificar los excesos más protuberantes del modelo de la seguridad democrática.

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Ha tenido éxito en desmontar las formas de relación demagógica con los ciudadanos, y en mejorar los niveles de civilidad en lo político, de realismo en lo internacional, de democracia en lo institucional, y está trabajando en la normalización del campo.

Pero hay dos correcciones adicionales en las que el Gobierno está avanzando más precavidamente, que no han recibido mucha atención a pesar de su gran importancia: la normalización de la política fiscal y del manejo de los partidos políticos. Los dos temas fueron objeto de sismos durante los últimos años.

En materia fiscal se instauró una legislación tributaria favorable a las empresas. Aunque los estímulos tributarios a la inversión son parte de una política de competitividad, los excesos en esa materia están siendo desvirtuados por casos como el brasileño, de alta inversión a pesar de tasas impositivas altas, y por debacles fiscales como la de Irlanda. En Colombia contribuyeron a convertir el país en el primero del continente en materia de desigualdad, lo que constituye, junto con el desempleo, en un grave error del modelo económico. El Gobierno está implementando correctivos como el desmonte del descuento tributario por reinversión de utilidades en bienes de capital, que permitirá que el Estado recupere ingresos de cerca de cinco billones de pesos, y a raíz de la crisis del invierno, ha anunciado la extensión de la vigencia del impuesto al patrimonio, y su ampliación a personas con niveles de ingresos hasta ahora exentos. Aunque no se ha atrevido a incumplir la promesa de campaña de no subir los impuestos, está contrariando el dogma de la confianza inversionista en busca de mayores ingresos, que al final es lo que importa.

En el tema de los partidos políticos, el Presidente ha sido cauto porque tiene el corazón dividido entre su nuevo partido, de ideología más radical que la suya, y el Liberal, al que perteneció toda su vida y que ha sido recuperado por la tendencia histórica a la que él pertenece. Pero con la Unidad Nacional Santos permitió que sectores como Cambio Radical se acerquen al Liberalismo, y que pueda preverse una reunificación liberal en el futuro, así sea parcial. Y con la reforma política aprobada en esta legislatura, se facilitaron mecanismos para el reagrupamiento de los partidos. Detener el debilitamiento de los partidos políticos es esencial para proteger al país de la formalización de la democracia en la región, luego de la estrategia de Álvaro Uribe de debilitarlos para desintermediar la relación con los ciudadanos mediante una combinación de personalismo y demagogia. De no haber sido porque César Gaviria lo enfrentó para salvar la tradición liberal, muy posiblemente habría desaparecido el centro político y el sistema de partidos habría quedado polarizado entre el Polo Democrático y una amalgama de partidos de derecha. Y seguramente, en ese contexto las instituciones no habrían resistido el embate plebiscitario y se habría abierto paso la segunda reelección.

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