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El Presidente, la guerra y la economía

21 de septiembre de 2008 - 05:44 p. m.

AUNQUE EL URIBISMO CONVIERTA la próxima campaña presidencial en un referendo sobre el Presidente, la guerra y la economía, no tiene garantizado el triunfo. En la campaña norteamericana, el candidato que ha buscado convertir la elección en un referendo sobre el Presidente, la guerra y la economía, se mantiene muy cerca de su rival en las encuestas, y muy por debajo de los índices de su partido.

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Aunque aún falta el trecho definitivo de la campaña estadounidense, el próximo Presidente no va a ser escogido exclusivamente en función de si está o no del lado del presidente Bush. Barack Obama no tiene una ventaja sustancial sobre John McCain a pesar de que hasta hace dos meses, el porcentaje de norteamericanos que se consideraban demócratas en las encuestas, era superior en 12 puntos a los que se declaraban republicanos. Y hasta hace poco, la confianza en quién puede solucionar los problemas de la economía y de la guerra de Irak, era muy superior en favor de los demócratas.

La campaña norteamericana demuestra que el candidato y la táctica electoral pueden contrarrestar hasta las peores adversidades políticas. Parece un milagro que John McCain empate y hasta gane algunas encuestas, porque todos los fundamentos electorales están en su contra. En el pasado ningún partido norteamericano ganó la Presidencia respondiendo por un presidente desprestigiado, una guerra perdida, y una economía en mal estado.

No hay duda que los grandes temas son el elemento esencial de la política, pues alrededor de ellos giran no sólo las ideologías, sino los intereses. Pero antes de fijar su atención en los grandes temas, el elector tiende a evaluar primero los valores del candidato y del partido, y en ese proceso es susceptible de ser atraído por una narración atractiva que toque sus emociones. Porque los ciudadanos no votan por quien propone las mejores soluciones, sino por el candidato que genera las emociones apropiadas.

Con el nombramiento de Sarah Palin, y reafirmando su condición de disidente, McCain ha logrado distanciarse de Bush y aparecer como un candidato que también busca el cambio, neutralizando la principal bandera de Obama. A la inversa, un candidato no uribista podría neutralizar la bandera del continuismo adoptando la seguridad, y pasando a la ofensiva ofreciendo hacerla verdaderamente democrática.

O podría reducir el continuismo a la irrelevancia, anticipando la agenda pública del 2010 y construyendo alrededor de ésta un relato convincente y emotivo. Así como Uribe vio desde 2001 que la agenda colombiana iba a quedar reducida al tema de seguridad, un candidato opositor podría entender que la moral en la política será la próxima obsesión, y articular su propuesta alrededor de ella.

No basta que las tendencias políticas, o la historia misma, estén del lado del candidato. Si éste no encarna genuinamente en su persona, su pasado y sus propuestas, un relato convincente sobre los problemas y las necesidades de su época, y no desarrolla una campaña coherente y de buenos reflejos, no hay ventaja estratégica que valga.

Álvaro Uribe lo sabe. Por eso llama hecatombe a la posibilidad de que el candidato de sus afectos, no sea preferido por sus compatriotas. Pero en realidad eso se llama democracia.

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