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¿Elecciones competidas?

22 de marzo de 2009 - 08:50 p. m.

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS SE PROdujeron dos hechos políticos importantes, pero a pesar de estar relacionados, uno recibió atención y el otro no.

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El primero es la ofensiva política lanzada por el presidente Uribe para copar los espacios políticos, un verdadero “blitzkrieg” que ha sido visto como la confirmación del deseo del Presidente de buscar la segunda reelección. El otro son los resultados de encuestas sobre intención de voto, que a diferencia de las de favorabilidad presidencial, muestran que hay espacio para la competencia electoral, porque Álvaro Uribe no alcanza el 50%.

En la encuesta de Datexco de marzo 19, la intención de voto por el Presidente baja al 35%, cuando se le enfrenta a todos los precandidatos. Sin embargo, para utilizar cifras más constantes, me referiré a las de la encuesta de Datexco de marzo 5, en que Uribe obtiene el 45%, el mismo porcentaje que suma la intención de voto por los candidatos uribistas y semiuribistas, más la que no prefiere a ninguno de los candidatos. Los precandidatos uribistas, más Sergio Fajardo, suman cerca de 25% de la intención de voto. Esa cifra podría consistir de votantes que sufragaron en el pasado por Uribe, o que coinciden con ideas uribistas, pero que no apoyan la segunda reelección del Presidente y prefieren un candidato de centro o centroderecha.

La encuesta también revela que el 19% de los votantes no votarían por ninguno de los candidatos incluidos en el cuestionario. Es posible entonces que éstos, más los uribistas no reeleccionistas, representen buena parte de los liberales y la franja independiente.

De ser así, un candidato de centro que llegara a la segunda vuelta sería competitivo, porque tendría buenas posibilidades para disputarle al presidente Uribe los votos liberales y de la franja, y arrastrar los del Polo Democrático. Ese escenario podría darse porque aun manteniendo el Presidente su fortaleza política, una segunda reelección tendería a costarle votos, y porque no es muy factible que se repita la dinámica polarizada de las dos campañas anteriores, en virtud del fenómeno del reaparecimiento del centro político. Este es producto del péndulo de la política, del reposicionamiento del liberalismo, de la cosecha de precandidatos de corte moderado, y del desplazamiento de la agenda pública desde los temas “conservadores” como la seguridad, hacia los “liberales” como el desempleo.

Por lo tanto si, como parecen indicar las encuestas, en 2010 el Presidente no enfrentara figuras polarizantes de izquierda como en el pasado, sino un candidato de centro o centro derecha, le sería más difícil arrastrar los sectores liberales y parte de la franja independiente que lo venían apoyando. Por esa razón, la estrategia del Presidente de tratar de concentrar el apoyo parlamentario en un partido propio, como parece ser la misión de Luis Carlos Restrepo en la Dirección del Partido de la U, podría tener como finalidad restarles masa crítica a candidaturas más al centro que la suya, incluida la liberal, y fortalecer las posibilidades de candidatos polarizantes como Piedad Córdoba o Carlos Gaviria.

Los resultados de las encuestas aún son prematuros para prever un escenario electoral diferente al de hace cuatro años. Pero también lo son para vaticinar uno parecido.

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