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La “falta de gobernabilidad” de Mockus

25 de abril de 2010 - 10:22 p. m.

¡SI MOCKUS ES PRESIDENTE, SU FALTA de gobernabilidad —entendida como sumisión del Congreso— paralizaría al Estado y al país por cuatro años! Eso afirman los predicadores de la oscurantista tesis de Cundinamarca/Dinamarca, que no es otra cosa que la apología del atraso, la ilegalidad y el clientelismo.

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Porque paradójicamente, las descalificaciones a Antanas Mockus se enfocan en sus principales virtudes políticas: su modernidad, su ética y su intolerancia con el clientelismo.

Es esa ceguera de los sectores “pragmáticos” del uribismo lo que no les permite entender las razones de la humillación a que los está sometiendo la marea verde en las encuestas. Ver que la “falta de gobernabilidad” de Mockus no es sólo su mayor activo político, sino el factor decisivo para que pueda intentar con éxito algunas de las grandes reformas que el país necesita. Si en las restantes cinco semanas de campaña el uribismo enfila sus baterías contra la “falta de gobernabilidad” de Mockus, habrá construido su Waterloo. Porque lo que llama pedantemente gobernabilidad, es lo que los colombianos consideran corrupción, un tumor tan grande como las Farc.

La “falta de gobernabilidad” de Antanas Mockus es su arma secreta. Primero, porque en Colombia nada se parece más a la compleja ciencia de la gobernabilidad, que el sutil arte de arrojar, grano por grano, maíz a las gallinas. Mirando los resultados es evidente que la gobernabilidad está más que sobrevaluada. El récord de sus fracasos para pasar reformas importantes que necesita Colombia es inigualable: ni la tributaria estructural, ni la de organización territorial, ni la de la justicia, ni la electoral, ni la política. Prueba de ello es la languidez del legado legislativo del Gobierno con mayor gobernabilidad —el de Álvaro Uribe— que no confió en ella ni para sacar adelante la reforma a la salud, y con la que no logró siquiera tramitar adecuadamente la convocatoria del referendo de reelección consecutiva.

Precisamente porque los congresistas saben que Mockus no está cañando en materia de clientelismo, sería con el único presidente con el que estarían, entre dispuestos y obligados, a negociar reformas trascendentales. A diferencia de Santos, que entraría con el Estado escriturado a sus congresistas y sin poder retirárselos, Mockus podría negociar con bancadas y en términos programáticos las reformas estructurales que requiere urgentemente el país. Y condicionar la entrada al gobierno a la aprobación de esas reformas, especialmente la de reforma política que limite al máximo los efectos del clientelismo estatal, y permita una participación sana y transparente en el gobierno de los sectores políticos que contribuyan a impulsar la agenda del presidente.

Y en caso de que los congresistas cañaran un tiempo, generando una parálisis legislativa, permitirían una verdadera revolución verde: ahorros económicos gigantescos por el freno de la corrupción, mejoras críticas en la profesionalización de la burocracia y la inversión de los recursos públicos, confianza de los ciudadanos en el Estado, entre muchos avances en la modernización del Estado colombiano. Puede terminar siendo preferible la parálisis, que en realidad no afecta el día a día del Estado, que feriarlo por el falso prurito de la gobernabilidad.

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